Ada Lovelace, la hija de Lord Byron que inició la informática en el siglo XIX

Augusta Ada Byron (1815-1852), más conocida como Ada Lovelace, se convirtió en la pionera de la informática. Su gran aportación a la tecnología sentaría las bases de los futuros ordenadores. La matemática desarrollaría el primer lenguaje de programación mediante la descripción de algoritmos.

Los padres de Ada, la Baronesa Annabella y el dramaturgo Lord Byron, se separaron cuando ella apenas tenía dos meses de edad. Esto influyó enormemente en el futuro profesional de la pequeña, ya que su madre –quien estaba muy dolida con su ex marido- la apartaría del mundo de las letras y del espíritu romántico de Byron.

Con el fin de evitar que su hija siguiera los pasos de su padre, la refundió desde muy temprana edad en el mundo de las matemáticas; con la esperanza de que el pensamiento lógico borrase cualquier atisbo de la personalidad de Lord Byron.

El romanticismo negado

Cuando Annabella descubrió que el poeta mantenía un «affaire» incestuoso con su hermanastra Augusta Leigh, decidió separarse y llamar a su hija por su segundo nombre: Ada. Y durante una madrugada la Baronesa agarró al bebé, abandonando a su marido para siempre. Byron trataría de recuperar la custodia de la pequeña, pero las amenazas de Annabella hicieron que desistiera.

«Una estrategia que funcionó para Ada Lovelace en 1843 sigue siendo crítica en la actualidad; lo llamó «ciencia poética». Es la capacidad de integrar tanto la imaginación como la ciencia»

Si continuaba reclamando la patria potestad de la niña, Annabella había jurado hacer público tanto el incesto como la supuesta bisexualidad del literato. De esta manera Lord Byron, a quien le preocupaba la mirada inquisidora de aquella sociedad victoriana, y estaba ahogado de deudas, decidió abandonar Inglaterra para marcharse a Grecia.

Lord Byron - ABC

Annabella creía que el fervor romántico de Byron le había orillado a cometer infinitas infidelidades entre otras insensateces. Y por ello, trató de proteger a su hija de esa sensibilidad innata, así como de las pasiones desbocadas que caracterizaban a algunos escritores. Creía que si la consagraba al ejercicio de la razón y las matemáticas podía mantenerla alejada de aquella vida de inestabilidad emocional, desasosiego y desgracia; pues temía que fuese presa de la autodestrucción para aflorar la creatividad.

No obstante la sensibilidad fluía dentro de ella y no podía renegar de aquel don; el cual le permitió vislumbrar otros horizontes que no cabían unicamente en la razón: la imaginación.

La «ciencia poética»

Desde muy pequeña Ada visitaba las zonas industriales de Inglaterra acompañada de su madre, quien buscaba estimular la curiosidad de la niña por la tecnología. Y en una de estas excursiones quedó fascinada con el telar de Jacquard. El aparato funcionaba por medio de unas tarjetas perforadas que daban instrucciones, y que posteriormente Ada los adaptaría a un invento de un prestigioso científico llamado Charles Babbage.

Lo que pretendía Ada era que la máquina cumpliera determinadas órdenes, no necesariamente matemáticas, y para ello desarrollaría el primer lenguaje de programación; inspirándose en las tarjetas perforadas de los telares de Jacquard.

Ada modernizó la máquina analítica de Charles Babbage, desarrollando el primer lenguaje de programación que daría lugar a las bases de la computación

No obstante, antes de sentir esa devoción por las matemáticas, las percibía como una obligación impuesta por su madre; y a quien no quería defraudar. Sin embargo, gracias a la imaginación que alumbraría a su «ciencia poética» terminaron convirtiéndose en su razón de vivir.

«Una estrategia que funcionó para Ada Lovelace en 1843 sigue siendo crítica en la actualidad; lo llamó «ciencia poética». Es la capacidad de integrar tanto la imaginación como la ciencia», explica la historiadora Betty Alexandra Toole en su libro

«Ada, the Enchantress of Numbers: Poetical Science».

Durante aquellos viajes, su madre le presentó a una amiga suya y matemática también, Mary Sommerville; quien tutelaría su camino académico hasta conocer en una reunión a Charles Babbage, con quien colaboraría posteriormente.

Máquina analítica de Babbage

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C. C

Su vida cambiaría para siempre tras ser presentada con el prestigioso científico y matemático de la época, Charles Babbage inventor de

la

máquina analítica.

Sin embargo, la verdadera revolución de este artilugio sucedió cuando la imaginación de Ada permitió ampliar las funciones de dicho artefacto; el cual solo estaba destinado para realizar operaciones de cálculo.

Lo que pretendía Ada era que la máquina cumpliera determinadas órdenes, no necesariamente matemáticas, y para ello desarrollaría el primer lenguaje de programación; inspirándose en las tarjetas perforadas de los telares de Jacquard.

La máquina analítica

Charles y Lovelace no comenzarían a trabajar juntos hasta unos años depués de conocerse, pues su matrimonio con el Conde de Lovelace y el nacimiento de sus hijos la mantendrían una temporada ausente del contexto científico.

Charles Babbage - C. C

El artilugio que había sido creado en 1834 por Babbage, con el fin de resolver cualquier cálculo matemático, sufriría unas modernizaciones por parte de Ada. Su manejo sería muy similar al del telar de Jacquard, con vapor y tarjetas perforadas; solo que ahora también estaría enfocado al lenguaje y la música.

Un buen día la revista «Scientifc Memoirs» le hizo un encargo a Lovelace, en el que le pedían la traducción de las instrucciones de la máquina analítica del francés al inglés. Además de esta tarea Ada añadió un compendio conocido como «Notas», en donde desarrolla sus propias ideas sobre el funcionamiento del telar de vapor. Este trabajo extra se convertiría en el gran legado para los inicios de la computación, y que no le sería reconocida la autoría hasta la década de los años 70 -pues había firmado únicamente con iniciales para que no descartaran su publicación por ser mujer-.

El fin de la «ciencia poética»

La visionaria de las computadoras siempre había padecido una salud delicada, quedando paralítica por varias veces. Sin embargo eso no sería ningún impedimento para entregarse con fervor a la ciencia, hasta ser víctima de cáncer uterino.

Ada firmó las «Notas» del proyecto de «Scientifc Memoirs» con sus iniciales, por miedo a que descartaran su trabajo al ser mujer

La enfermedad la estaba carcomiendo, los dolores cada vez eran más fuertes y los delirios con que la enterrasen viva iban en aumento. Según las memorias de la Baronessa, la enfermedad era una maldición que le mandaba el poeta a su hija desde la tumba: «Su padre le había enviado la enfermedad y la había condenado a una muerte temprana. Juzgaba cruel e injusto por parte de Dios permitir tal cosa»

Sin embargo pese a no tener relación con Lord Byron, y lo mal que le había hablado su madre de él, la científica expresaría la última de sus voluntades; que pudiese descansar por fin al lado de su padre. .

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2018-6-22 18:43