Así era el primer reino de Europa, mitos aparte

Un bárbaro es, para la RAE, alguien «fiero cruel»; «arrojado, temerario», incluso, «grosero, tosco»; o en su defecto un sujeto «grande, excesivo, extraordinario». Pero es también la constatación del aforismo orwelliano de que la Historia no es más que el relato subyugador de los vencedores.

Ocurrió así con los suevos, en cuyo retrato de pueblo rudo y sanguinario, fundador del primer reino de la Europa Occidental, tuvieron principalmente que ver los romanos, y no excesivamente la verdad.

En la Europa del siglo IV todo lo que parecía estar atado a la eternidad se desvanece. Las fronteras del Imperio son un polvorín, y las élites de Roma se hacen con los servicios militares de los pobladores del limes: las gentes del otro lado de la frontera del Rhin y el Danubio. Fue así como en los romanos cayeron en la paradoja de ser los primeros en pagar a sus traidores. Lo hicieron a cambio de una seguridad que luego devino en invasión hacia el noroeste peninsular, donde los suevos asentaron en la antigua Gallaecia, y forzaron la caída atomizada del Imperio

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«El mundo romano creó al bárbaro. Era un extranjero, un incivilizado, un inculto, un salvaje, porque era todo lo contrario a su civilización», narra Jorge López Quiroga, catedrático de Arqueología y comisario de In tempore Sueborum, la primera exposición sobre el Reino de los Suevos organizada en el continente, y que estos días se celebra en Orense bajo el mecenazgo de la Diputación.

En las migraciones de aquellos germanos hacia el sur europeo Roma halló el fin, que no la extinción, pues la huella de su civilización perduró en el legado de quienes le sucedieron al mando. Frente a algunas de las 269 piezas expuestas en Orense (vasijas, joyas, lápidas y demás ajuar del primer milenio), el guía de la muestra, Jesús Manuel García explica a los visitantes que se arremolinan en el centro Marcos Valcárcel cómo entonces los suevos «miraban a los romanos como hoy nos fijamos en los americanos». El poder, da igual cuándo, también se hereda por imitación: los suevos calcaron del Imperio la acuñación de las monedas, la moda y hasta los ritos funerarios.

Aunque no impusieron su propio relato. A ojos de los cronistas romanos, los suevos no eran sino aquellos soldados de «ojos fieros y azules» «cuerpos grandes»; o aquellos hombres que «no se adornan para amar o ser amados, sino para aparentar mayor estatura a ojos de los enemigos» (Tácito, Germania). Versiones, todas ellas, que deturpan la realidad y que estrechan los caminos por los que los expertos, como Jorge López, se enfrentan al analizar un periodo igual de «desconocido» que «mitificado». Pero, al final, siempre hay algo que nos iguala a todos ante los ojos de la Historia: la muerte.

Los historiadores encontraron en los restos de las sepulturas de los suevos señales, por ejemplo, del papel de la mujer como custodia de la cultura del Reino o de su devoción por el cristianismo. El segundo bloque de la exposición, ubicado en la Iglesia de San María Nai, aborda precisamente cómo los suevos emplearon la religión como señal de «diferenciación sociopolítica», explica el comisario de In Tempore Sueborum, respecto a las distintas facciones del continente. En ese contexto, San Martín de Dumi, el conocido como «Apóstol de los Suevos», elaboró el Speculum (Espejo), una «guía moral y ética» para el «buen gobernante». Como El Príncipe antes que Maquiavelo.

Primero entre los reinos

Porque, en contra lo comúnmente aceptado, que como vemos no siempre se hermana con la realidad, los suevos no eran una sociedad igualitaria, sino «profundamente jerarquizada» y «militarizada», relata López. Fueron esos trazos, muchos de ellos compartidos con el resto de pueblos germánicos, los que plantaron la semilla de lo que después fueron las sociedades del Antiguo Régimen, y sus lazos de feudalismo y vasallaje.

Aquí, en el territorio que hoy conocemos como Galicia, se incubaron los gérmenes de la Europa sucesiva. El noroeste peninsular dominado por los suevos es considerada el primer reino del continente: había una Monarquía y el compromiso tácito de fidelidad entre los súbditos hacia el soberano. «El

Rex

es algo característico del mundo bárbaro», agrega el arqueólogo. También los jefes militares carismáticos, los linajes y el hecho de que una estructura política se anclara a un territorio concreto: traducido al mundo de hoy, lo más parecido a un Estado-nación actual, pero en el siglo VI.

De hecho, el uso de los suevos como arquetipo de la visión nacionalista de Galicia se hizo frecuente llegado el romanticismo, ya en el siglo XVII y cuando los países se peleaban por su existencia a partir de la construcción de sus propios mitos. Benitto Vicetto lo intentó, pero se quedó en «una novela, con sus batallas, amantes y queridas». La otra historia está en In tempore sueborum.

Las cifras:269 piezas, 10 países, 39 museos

Hubo que emplear un año y medio en la organización, pero In tempore sueborum al fin es la primera exposición organizada en el continente sobre el reino de los suevos. En tres escenarios diferentes (el centro Marcos Valcárcel, la Iglesia de Santa Maria Nai y el Museo Municipal), la Diputación de Orense ha repartido las 269 piezas que componen la muestra, llegadas de un total de 39 museos y procedentes de 10 países distintos, con el esfuerzo logístico que ello acarrea. El traslado de algunas de las piezas se desarolló entre importantes medidas de seguridad y en ocasiones con el apoyo de escoltas. Además, las pólizas de seguro tratan de cuantificar lo que es imposible de medir, como el valor de vasijas, joyas o elementos fúnebres de hace más de un milenio. Aún así, algunos contratos superan el millón. .

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2018-2-4 21:43