Así logró Velázquez traer el Hércules Farnese a España

Soportó el traslado por tierra y mar en 1653, sobrevivió al trágico incendio del Alcázar en 1734 y ha resistido el paso del tiempo durante más de tres siglos, pero las obras de la futura Galería de Canalejas de Madrid han «herido» con grietas de considerable tamaño al Hércules Farnese que con tanto cuidado se trajo Diego Velázquez de Italia.

Felipe IV envió a su pintor de cámara por segunda vez a Italia en 1649. Debía traerse consigo esculturas clásicas para decorar el Real Alcázar, aunque fuera en copias. Alfonso Rodríguez G. de Ceballos subraya en su estudio sobre «Velázquez y la escultura clásica. El segundo viaje a Italia» que ésta no era empresa fácil. La compra de originales era inalcanzable desde que el Papa Urbano VII prohibió la exportación de antigüedades en 1636 y su sucesor, Inocencio X, y otros propietarios de estatuas antiguas se mostraban reacios a que se hicieran copias porque el líquido que se usaba antes de aplicar el yeso para formar el molde dejaba manchas en su superficie. Velázquez tendría que rodearse de buenos asesores y desplegar todas sus artes diplomáticas para complacer al Rey.

A finales de noviembre de 1649 partió de Madrid, acompañado de su esclavo y ayudante Juan de Pareja, junto al séquito del duque de Nájera, que se dirigía a Trento para traer a España a la nueva reina Mariana de Austria. Desde Málaga, viajaron en barco hasta Génova, donde llegaron el 21 de enero de 1650. Tras recorrer Venecia, Milán o Módena para adquirir una serie de lienzos, Velázquez se dirigió a Roma, donde se alquiló unos aposentos cerca de la casa de don Juan de Córdoba Herrera, un agente de los intereses españoles en Italia que desempeñó un papel crucial en la misión del pintor sevillano.

Con su ayuda tramitó los permisos para ver y seleccionar las esculturas y visitó siete de las mejores colecciones romanas de antigüedades, como las de los Medici, Ludovisi, Borghese o los Farnese, además de las del Papa. Una vez elegidas las piezas y logrado la autorización para copiarlas, hubo que buscar a los artistas que realizaran los vaciados. Aconsejado por don Juan de Córdoba, Velázquez se dirigió a los talleres de la obra de San Pedro del Vaticano, donde aún trabajaba Bernini y sus ayudantes, y allí contrató a sus artistas, entre ellos Mateo Bonuccelli u Orazio Albrizzi.

Los trabajos avanzaban, pero Felipe IV apremiaba a Velázquez para que regresara a Madrid. Tanto, que en noviembre de 1650, el pintor se vio obligado a abandonar Roma sin haber concluido su cometido. Antes de su partida, eso sí, diseñó con don Juan de Córdoba un plan sobre las esculturas que faltaban y su transporte a España. Una de esas últimas obras fue, precisamente, el Hércules Farnese.

La escultura original, realizada por el ateniense Glykon en el siglo III d. C. , había sido encontrada en 1545 en los terrenos que tenía la familia Farnesio en las termas de Caracalla. Se halló rota en cuatro partes y faltaban las piernas, que rehizo un alumno de Miguel Ángel, el escultor Guglielmo della Porta (1500-1577). Velázquez contempló el Hércules ya restaurado en el palacio de los Farnesio antes de volver a España y encargó su vaciado, así como el de Flora.

Para realizar una copia «de altura de quince palmos» del coloso se contrató a Cesare Sebastiani «por precio de ciento ochenta escudos», cantidad que recibió en 1653. «Los contratos de adquisición de la obra dejan patente el riguroso trabajo de los vaciadores italianos y el interés del pintor para una ejecución magistral de esta obra realizada con yeso de alta calidad, tamizado dos veces», explica la conservadora y restauradora Silvia Viana en su informe sobre el Hércules Farnese.

También el método de traslado a España fue «minucioso y muy estudiado», según Viana. Para infligir al vaciado el menor daño posible, las diferentes piezas fueron trasladadas envueltas en paños, acolchadas en paja y serrín, en cajas individuales. El Hércules Farnese viajó en esa segunda remesa de unas 180 cajas que llegaron a Madrid el 9 de agosto de 1653.

Una vez en la capital española, las 20 piezas del vaciado y las cuatro de la peana se anclaron in situ en el Alcázar y la escultura de 3,18 metros de altura y 1. 200 kilos de peso pasó a decorar la Galería del Cierzo. Allí permaneció hasta el incendio de la residencia real en 1734. Fue almacenada en El Picadero y trasladada en 1752 a la Casa de la Panadería, primera sede de la Real Academia de San Fernando, hasta que en 1773 se llevó a su ubicación definitiva en la calle Alcalá.

Grietas en los tobillos de la escultura

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EFE

Este «bello coloso de Hércules desnudo» que describió Palomino en su «Museo Pictórico» y que oculta en su mano derecha las tres manzanas del jardín de las Hespérides es, además, un excepcional documento de cómo fue restaurado el original en el siglo XVI. Dos siglos después se encontraron en las Termas de Caracalla las piernas originales de la escultura y el escultor Carlo Albacini reemplazó las realizadas por Della Porta. Por eso el Hércules Farnese de la RABASF no es una réplica exacta del original que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Sus tobillos, ahora con grietas, son testigos de otra época. .

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2018-9-9 14:43