Новости


Diré tu nombre (**): Médicos sin fronteras ni pudor

Tal vez sea esta película el ejemplo definitivo de que el «glamour» y el «compromiso político» se gustan y se dan la mano, pues con igual aplomo pisa el director Sean Penn la alfombra roja que la alfombrilla de una tienda de campaña humanitaria.

Vivir de Noche (***): El Affleck actor empequeñece al Affleck director

No es fácil acorralar con imágenes la prosa nutrida y la sensación cortante de Dennis Lehane, que en esta novela trata con nervio a la figura del gángster, a sus circunstancias y a una necesidad total de venganza emplastada con otra aún mayor de mantener unos límites y de «hacerse perdonar».

«Callback» (***): Casi, casi «Driver»

Lo peculiar de este “thriller” es la mirada a un lugar (Nueva York) y un personaje (un majara violento que se habla al espejo) que son muy conocidos y reconocibles. Y esa mirada pertenece al director español Carles Torras, que rueda en las mondas de la Gran Manzana y que construye su historia clavándola frente a ese tipo desequilibrado que ya habíamos visto en otras películas (el Travis Bickle de “Taxi Driver” tiene mil hijos).

Las inocentes (***): Hábitos mancillados

Película de una extrema pulcritud en lo visual, lo moral y lo emocional, que aborda (en el fondo) las situaciones de abuso y humillación que «los vencedores» protagonizan en una zona de guerra tras su «liberación», y hay tantos casos como guerras.

Infiltrado (**): La vida en el avispero

Ni todo en esta película puede considerarse como un aprobado raspón dentro de la asignatura del género, ni su única aportación excepcional es la muy buena interpretación de Bryan Cranston, el actor que clavó a Dalton Trumbo y que aquí remacha a un policía al borde de la jubilación que se infiltra, con las mismas complicaciones que un supositorio al revés, entre la más alta gama de la mafia colombiana de la droga.

Hasta el último hombre (****): Mel Gibson funde guerra y paz

Hay varios detalles que unen a Mel Gibson con Clint Eastwood, además, claro, de que ambos, y cada uno a su estilo, son para el progre de manual como una ristra de ajos para el Conde Drácula. El cine del director Mel Gibson, a pesar de merecerlo, no ha tenido aún la virtud del de Eastwood y de que se lo coman con patatas sus agresivos (casi tanto como él) detractores.

La doncella (***): Sexo, mentiras y fintas de fábula

El director coreano Park Chan-wook se ha ganado con sus películas la fama de ser más retorcido que Polanski y más brutal que Tarantino, pero en esta película consigue, sin renunciar a ninguna de estas dos características, aparentar una sublime elegancia.

Madre solo hay una (**): Robados pero contentos

Sobre niños «robados» se han rodado numerosas películas y más de una serie. Son casi una moda, pero pocos se han parado a reflexionar en el drama que supone para uno de estos chavales ser «secuestrado» por segunda vez, renunciar a la familia que conoce para recalar en otra casa, llena de extraños con su sangre.

Igelak (* *): El escorpión que salió rana

En Estados Unidos las ranas, que han salido del charco durante la última campaña, simbolizan el racismo nacionalista blanco. En «Igelak», en cambio, son el emblema de un simpático colectivo antidesahucios que representa la resistencia frente a los escorpiones de la banca.

Villaviciosa de al lado (**): Brocha gorda y un tanto basta

He aquí una película que traerá polémica, de los defensores del cine cómico de toda la vida y los del más refinado y actual. Hay que reconocerle a Velilla el valor de entrar a saco en la actualidad social española, sin tapujos.

Aloys (**): Detective sin caso

Aunque el protagonista es un investigador privado, la película no le ofrece al espectador la menor intriga o cualquier atisbo de archiconocido género para que le hinque el diente. Hay que estar mellado de esos colmillos para paladear la primera película del suizo Tobias Nölle, un creador de atmósferas, un deshojador de misterios y de estados de ánimo.

«Omega» (***): Fusión bastante nuclear

Aunque pueda parecer paradójico, este documental de corte reportajero y producido además por un sello disquero multinacional consigue retransmitir en más de un momento una profunda emoción musical.

«Amor y amistad» (***): Con guante de seda

Hemos visto a Kate Beckinsale liquidar a muchas criaturas de la noche en “Underworld”; las armas que emplea aquí son más sutiles y su modo preferido es el pasivo agresivo pero los resultados son igual de letales: todos lo que la rodean acaban haciendo exactamente lo que ella ha planeado.

Los Gallagher, los malos; no Rory

De Oasis todo el mundo sabe dos cosas: que era el grupo más odiado de la historia y que eran muy flojitos a nivel musical. El segundo punto puede ser discutible dependiendo de la edad que tengas. Lo primero se entiende bien sin rascar la superficie, pero se comprende mucho mejor después de ver el excelente trabajo de Matt Whitecross porque les retrata tal como son: arrogantes, chulos, muy horteras y creyéndose lo que no son.

«Yo, Daniel Blake» (****): Conmovedor viacrucis burocrático

A simple vista (y subrayo lo de simple) parece fácil de hacer, como una tortilla de patatas, pero el cine de Ken Loach es en el fondo complicadísimo, al menos, como es este caso de «Yo, Daniel Blake», cuando está perfectamente cuajado y cada elemento tiene la textura y el sabor adecuados.

«Qué Dios nos perdone» (***): un thriller furioso

El cine policíaco no tiene secretos para el espectador, que lleva sus códigos tatuados en el ADN peliculero: un psicópata asesino, una pareja de policías con una vida personal o familiar tan confortable como un lobanillo en la ingle y una investigación criminal sucia, infructuosa, desesperada y agobiante.

Лучшее

Актуальное