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Una noche con mi exsuegro (**): J. K. Simmons no basta

El cine de suegros es un subgénero en sí mismo, que por motivos obvios suele derivar hacia la comedia. Hay antecedentes ilustres, clásicos y más recientes. Gavin Wiesen y su guionista, Seth Owen, prescinden esta vez de la novia, o casi, en un giro que logra centrar la historia en la tensa relación masculina, una lucha de clases y de épocas que J.

Verano 1993 (***): La niñez desencajada

Una película incómoda, porque te lleva de visita a un lugar terrible, la perplejidad mezclada con doloroso vacío de una niña de seis años que acaba de perder a su madre y su incapacidad para irse «reinventando» con su nueva familia, antes sus tíos.

Maravillosa familia de Tokio (***): Licuar en comedia la familia de Ozu

El veterano director Yôji Yamada sorprendió hace cuatro años con el acto suicida de «rehacer» la gran obra maestra del cine japonés, «Cuentos de Tokio», del inimitable Yasujiro Ozu. La tituló «Una familia de Tokio» y en ella recogía un altísimo porcentaje de la gloria y la esencia del original.

«Alien: Covenant» (***): Androides que sueñan con Aliens mecánicos

Cuando Ridley Scott hizo «Alien, el octavo pasajero» en 1979, probablemente ni sospechaba que pasaría el resto de su vida a bordo de esa aventura galáctica, dándole forma, sentido, profundidad y casi teología a lo que entonces se vio como la más sorprendente y genial fusión del género de terror y de la ciencia ficción.

Plan de fuga (***): Zriller castizo y potente

Diez años de reloj ha tardado Iñaki Dorronsoro en completar su segundo largo, y eso que acertó en el primer golpe con «La distancia». Quizá se tomó el título demasiado a pecho. «Plan de fuga» confirma su gusto por el cine negro y los argumentos «poco españoles», aunque el tópico es cada vez más injusto.

La Bella y la Bestia (***): Disney no la hubiera dibujado mejor

Esta historia de orígenes remotos, versiones en todos los idiomas y culturas, e interpretaciones de todo tipo y pelaje, ha sido vista por el cine esencialmente de dos modos, en el que la miró Jean Cocteau en su hermosa y poética película con Jean Marais y Jossete Day como protagonistas, y como la miró Disney de forma animada y musical, y es esta última la que alienta la película de Bill Condon, que combina la animación, la imagen real, la misma música y similar espíritu, y de una forma atractiva, entretenida y romántica.

Doña Clara (***): Los principios y los cimientos

El título original es «Aquarius», y con él se presentó en el pasado Festival de Cannes, y es el nombre del edificio tan venido a menos, tan en peligro de extinción, que coprotagoniza la película.

Bajo el sol (***): El amor en tiempos de cólera

Una misma pareja de actores interpreta tres diferentes parejas «imposibles» en otros tantos periodos históricos que marcan diferentes catas en el tiempo del conflicto fratricida que asoló la antigua Yugoslavia.

Psiconautas (***): Animación adulta para niños

Es una película de animación especial, y que, a mi modo de ver, exagera su subrayado de «para adultos»… En absoluto es una película desaconsejable para niños (no es Bergman), sino más bien todo lo contrario.

«Lo que la verdad importa» (**)

Incluso una obra maestra como «Qué bello es vivir» puede atragantarse por sus cantidades de azúcar. «Lo que la verdad importa» (en inglés «El curandero» suena mejor) es una película «cien por cien benéfica», aunque sus virtudes fílmicas, que las tiene, son menos absolutas.

«Moonlight» (***): Figura atrapada en tres tiempos

Una película aparentemente de esquina que se ha colocado en el centro gracias a su irrupción en los próximos Oscar en las mejores candidaturas, y que puede dar la sorpresa en alguna precisamente por su tamaño y la enorme sensibilidad de lo que cuenta.

Rings (*): Otro español que se cuela en Hollywood

Javier Gutiérrez sorprendió hace casi una década con la estupenda «Tres días», película apocalíptica española -ojo al género- rodada con incontables recursos, casi ninguno económico. Tras una ausencia que resultaría inexplicable en una industria sana, el cineasta regresa ahora desde Hollywood, con la continuación de una de las grandes sagas de terror reciente.

«Lego Batman» (***): Un superhéroe legocéntrico

Como en cualquier obra de arte conceptual que se precie, el título describe y agota por completo la premisa y todo el contenido de la pieza: contar -seamos precisos, volver a contar- la historia de Batman con legos.

«Felices sueños»(****): Mamma mia

Marco Bellocchio debe ser casi el único miembro activo de aquella esplendorosa generación de cineastas italianos de los dorados años 60; a juzgar por esta película está en mejor forma que la mayor parte de sus nietos de la generación actual.

Manchester frente al mar (***): Triste, solitario y terminal

Tal vez Lee Chandler no sea el mejor personaje del año, pero sí, sin duda, el más afligido: no hay nada más en él que tristeza, sentimiento de culpa, vacío y hundimiento, algo nada fácil ni grato de transmitir, al menos en tan abrumadora proporción, y por ello probablemente gane un Oscar el actor Casey Affleck.

Lion (***): Migas de pan en el camino de vuelta a casa

La primera película de Garth Davis contiene algunos de esos materiales de construcción con los que se edifica el éxito, y hasta el trinque de Oscar, al que aspira en tres candidaturas (película y actor y actriz secundarios).

Billy Lynn (***): De Irak a la Superbowl

El director magdalena Ang Lee, que es capaz de absorber con su cine todo Oriente y Occidente (desde «La tormenta de hielo» a «Deseo, peligro» o «La vida de Pi») empapa de sentido y sensibilidad esta historia de héroe que vuelve de Irak tras un suceso traumático y de pura hazaña bélica, y ha de afrontar una gira promocional con bombo, platillo y espectáculo en una mezcla obscena, emocionante y discordante de la guerra y la Superbowl.

Diré tu nombre (**): Médicos sin fronteras ni pudor

Tal vez sea esta película el ejemplo definitivo de que el «glamour» y el «compromiso político» se gustan y se dan la mano, pues con igual aplomo pisa el director Sean Penn la alfombra roja que la alfombrilla de una tienda de campaña humanitaria.

Vivir de Noche (***): El Affleck actor empequeñece al Affleck director

No es fácil acorralar con imágenes la prosa nutrida y la sensación cortante de Dennis Lehane, que en esta novela trata con nervio a la figura del gángster, a sus circunstancias y a una necesidad total de venganza emplastada con otra aún mayor de mantener unos límites y de «hacerse perdonar».

«Callback» (***): Casi, casi «Driver»

Lo peculiar de este “thriller” es la mirada a un lugar (Nueva York) y un personaje (un majara violento que se habla al espejo) que son muy conocidos y reconocibles. Y esa mirada pertenece al director español Carles Torras, que rueda en las mondas de la Gran Manzana y que construye su historia clavándola frente a ese tipo desequilibrado que ya habíamos visto en otras películas (el Travis Bickle de “Taxi Driver” tiene mil hijos).

Las inocentes (***): Hábitos mancillados

Película de una extrema pulcritud en lo visual, lo moral y lo emocional, que aborda (en el fondo) las situaciones de abuso y humillación que «los vencedores» protagonizan en una zona de guerra tras su «liberación», y hay tantos casos como guerras.

Infiltrado (**): La vida en el avispero

Ni todo en esta película puede considerarse como un aprobado raspón dentro de la asignatura del género, ni su única aportación excepcional es la muy buena interpretación de Bryan Cranston, el actor que clavó a Dalton Trumbo y que aquí remacha a un policía al borde de la jubilación que se infiltra, con las mismas complicaciones que un supositorio al revés, entre la más alta gama de la mafia colombiana de la droga.

Hasta el último hombre (****): Mel Gibson funde guerra y paz

Hay varios detalles que unen a Mel Gibson con Clint Eastwood, además, claro, de que ambos, y cada uno a su estilo, son para el progre de manual como una ristra de ajos para el Conde Drácula. El cine del director Mel Gibson, a pesar de merecerlo, no ha tenido aún la virtud del de Eastwood y de que se lo coman con patatas sus agresivos (casi tanto como él) detractores.

La doncella (***): Sexo, mentiras y fintas de fábula

El director coreano Park Chan-wook se ha ganado con sus películas la fama de ser más retorcido que Polanski y más brutal que Tarantino, pero en esta película consigue, sin renunciar a ninguna de estas dos características, aparentar una sublime elegancia.

Madre solo hay una (**): Robados pero contentos

Sobre niños «robados» se han rodado numerosas películas y más de una serie. Son casi una moda, pero pocos se han parado a reflexionar en el drama que supone para uno de estos chavales ser «secuestrado» por segunda vez, renunciar a la familia que conoce para recalar en otra casa, llena de extraños con su sangre.

Igelak (* *): El escorpión que salió rana

En Estados Unidos las ranas, que han salido del charco durante la última campaña, simbolizan el racismo nacionalista blanco. En «Igelak», en cambio, son el emblema de un simpático colectivo antidesahucios que representa la resistencia frente a los escorpiones de la banca.

Villaviciosa de al lado (**): Brocha gorda y un tanto basta

He aquí una película que traerá polémica, de los defensores del cine cómico de toda la vida y los del más refinado y actual. Hay que reconocerle a Velilla el valor de entrar a saco en la actualidad social española, sin tapujos.

Aloys (**): Detective sin caso

Aunque el protagonista es un investigador privado, la película no le ofrece al espectador la menor intriga o cualquier atisbo de archiconocido género para que le hinque el diente. Hay que estar mellado de esos colmillos para paladear la primera película del suizo Tobias Nölle, un creador de atmósferas, un deshojador de misterios y de estados de ánimo.

«Omega» (***): Fusión bastante nuclear

Aunque pueda parecer paradójico, este documental de corte reportajero y producido además por un sello disquero multinacional consigue retransmitir en más de un momento una profunda emoción musical.

«Amor y amistad» (***): Con guante de seda

Hemos visto a Kate Beckinsale liquidar a muchas criaturas de la noche en “Underworld”; las armas que emplea aquí son más sutiles y su modo preferido es el pasivo agresivo pero los resultados son igual de letales: todos lo que la rodean acaban haciendo exactamente lo que ella ha planeado.

Los Gallagher, los malos; no Rory

De Oasis todo el mundo sabe dos cosas: que era el grupo más odiado de la historia y que eran muy flojitos a nivel musical. El segundo punto puede ser discutible dependiendo de la edad que tengas. Lo primero se entiende bien sin rascar la superficie, pero se comprende mucho mejor después de ver el excelente trabajo de Matt Whitecross porque les retrata tal como son: arrogantes, chulos, muy horteras y creyéndose lo que no son.

«Yo, Daniel Blake» (****): Conmovedor viacrucis burocrático

A simple vista (y subrayo lo de simple) parece fácil de hacer, como una tortilla de patatas, pero el cine de Ken Loach es en el fondo complicadísimo, al menos, como es este caso de «Yo, Daniel Blake», cuando está perfectamente cuajado y cada elemento tiene la textura y el sabor adecuados.

«Qué Dios nos perdone» (***): un thriller furioso

El cine policíaco no tiene secretos para el espectador, que lleva sus códigos tatuados en el ADN peliculero: un psicópata asesino, una pareja de policías con una vida personal o familiar tan confortable como un lobanillo en la ingle y una investigación criminal sucia, infructuosa, desesperada y agobiante.

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