Cogido con imperdibles

En 1977, la diseñadora británica Vivienne Westwood, irreverente y provocadora, catapultó el uso del imperdible al estrellato de la estética punk durante un concierto de Sex Pistols, en el que los músicos llevaron unos diseños que incluían alfileres de gancho.

Así se convirtieron en el símbolo de irreverencia de un motín artístico, que compartía con la mítica banda. Ese mismo año, la revolución punk volvió a dejar su sello en la pasarela, con la colección de Zandra Rodhes, que utilizaba el imperdible como nexo de unión entre distintas partes de una misma prenda, en una propuesta que sería bautizada por la diseñadora como «chic contemporáneo».

A su vez, el diseñador de joyas Judy Blame, cuyo toque hemos podido ver en la última colección de gorros de Moschino, firmada por Jeremy Scott, se establecía en Nueva York como uno de los joyeros más indómitos de la ciudad gracias a sus frondosas gargantillas confeccionadas con imperdibles, sustituyendo a las perlas por un simple truco de sastre.

En los 80, el neoyorquino Stephen Sprouse se adueñaba de nuevo de este utensilio de «apaño» y lo convertía en el protagonista de la colección «Gold safety-pins». Y en los 90, Jean Paul Gaultier presentaba en la pasarela unos chalecos revestidos de imperdibles a modo de botones, mientras que Gianni Versace los colocaba estratégicamente en sus vestidos de noche para «cerrar» aberturas indiscretas, con tal éxito que el modelo que lució Liz Hurley, entonces pareja de Hugh Grant, para el estreno de «Cuatro bodas y un funeral», se conoce entre los gurús de la moda como that dress (aquel vestido).

Desde principios de este siglo, Paco Rabanne, Martin Margiela, Sonia Rykiel, Marc Jacobs, Jeremy Scott, Victor&Rolf, Prada, Jean Paul Gaultier y Alexander McQueen han usado este instrumento de costura como un icono en algunas de sus creaciones. Hoy, 40 años después de que se convirtiera por primera vez en tendencia, el peluquero Mikel Luzea le rinde homenaje con una serie de peinados que ha llamado «Erak» (formas, en euskera). «Son fruto de un flash back. Cuando tenía 15 años y el movimiento punk aterrizaba en España, me hice un piercing en la oreja y me coloqué un imperdible, en señal de rebeldía», cuenta el estilista navarro. «Hace unos meses, me quedé prendado de una camiseta adornada de arriba abajo con imperdibles, que me hizo volver a esa adolescencia irreverente. Y me pregunté ¿cómo funcionarían los imperdibles como accesorios en el cabello?». En su laboratorio de ideas, se puso a trabajar sobre un «tejido» como el cabello para aderezar sus creaciones, y el resultado es una colección de recogidos absolutamente imperdibles (que no imprescindibles). .

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2017-5-15 04:40