Cospedal cierra filas en falso con Cifuentes: el PP cree que es «insostenible»

La sombra del máster de Cifuentes enterró una convención que el PP había diseñado para sacar a hombros a Rajoy y fortalecer al partido, a un año de las elecciones locales y autonómicas. «Venimos a tomar impulso para ganar», comentó el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, ufano en su tierra, nada más llegar.

Tanto él como la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, pidieron «tranquilidad» ante el caso del máster, que se cree sobredimensionado: «Las explicaciones están dadas, hay que esperar».

La cara oficial del partido, la de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, apuesta por sostener a la presidenta madrileña, asomada al abismo del descrédito público por un escándalo que no hace sino crecer cada día. Hay que protegerla porque es víctima de una campaña feroz de la oposición, perseguida por la prensa.

La cara B, la más extendida entre los cuadros medios y también entre muchos dirigentes, es que la huida hacia adelante de Cifuentes les arrastra a todos. La situación es «insostenible», opinan los populares. «Es una bomba de relojería», apuntan en el partido, donde muchos no comparten que haya que cerrar filas precisamente por quien, en su afán de ejemplaridad extrema contra los casos de corrupción interna, «ha dejado demasiados cadáveres», en reflexión sincera de un dirigente regional. «Pinta muy feo», comentaron varios cargos reunidos en Sevilla tras escuchar cómo el rector de la URJC desmontaba las coartadas de Cifuentes.

El daño por esta crisis no lo niega nadie en el Gobierno, pero la preocupación máxima en La Moncloa se dirige a otro asunto, que es el que realmente ha hecho saltar la alarma: la decisión del la justicia alemana de dejar en libertad a Puigdemont, al no apreciar delito de rebelión. Los populares califican este hecho de «gravísimo y humillante para España». Lo que es peor, temen que a partir de ahora se produzca un efecto dominó en países europeas, incluso en instituciones de la Unión, y empiece a hablarse de «presos políticos» y de la necesidad de «crear una mediación entre España y Cataluña».

El pesimismo cundía ayer en ese sentido en la convención del PP, hasta el punto de creer que Alemania ha puesto en riesgo los pilares básicos de la Unión Europea. «Con Francia no se hubieran atrevido», se comentaba en los pasillos.

El Gobierno se mueve con prudencia, pues recuerda que aún falta la decisión final del juez. Prefieren dirigir el foco a Puigdemont, que «sigue siendo un huido de la Justicia». Los populares catalanes echan cuentas de lo que supone la libertad de Puigdemont y temen que la euforia de los independentistas les lleve a buscar nuevas elecciones para reforzar su mayoría.

Cataluña, «gravísimo»

El otro quebradero de cabeza en La Moncloa ahora mismo son los Presupuestos, ligados directamente a la suerte del 155 en Cataluña, por la posición del PNV. Los populares aplaudieron, dentro y fuera del plenario, una advertencia rotunda de Alfonso Alonso, presidente del PP vasco, al PNV: «Quid pro quo». Un recordatorio claro de la posición minoritaria que los nacionalistas vascos tienen en Vitoria.

Pero el principal reto que afrontan los populares, el que ha inspirado la convención, es su necesidad de recuperar el terreno perdido ante Ciudadanos. En los corrillos se elogió el discurso de Cospedal, por incluir autocrítica, por la mala comunicación, pero también porque el partido no se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos como era necesario. «¡Estamos a tiempo!», animó Cospedal a los suyos. En los pasillos se escucharon las críticas más ácidas contra Albert Rivera, auténtico rival a batir para el PP.

Rajoy aprovechó un receso para salir al jardín del hotel de la convención y plantar una encina, como metáfora de este PP: «Contigo crece España», se lee en la placa. «Es un árbol duro y muy español», concluyó el presidente. .

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2018-4-7 08:43