Del Rif a «Raza»: la obsesión de Franco por el cine que le llevó a filmar sus propias batallas cámara en mano

Franco vivió la llegada del cine a España a finales del siglo XX y su «boom» entre la población durante la Segunda República, cuando el gran emporio de Cifesa comenzó a exportar películas a Latinoamérica y el «New York Times» incluía críticas de estas en sus páginas.

Su amor por el séptimo arte se inició mucho antes, incluso, de que hiciera su aparición el cine sonoro y se prolongó hasta el día de su muerte, en 1975. Toda una vida en la que el dictador probó suerte en casi todas las etapas de producción, desde guionista a director, pasando por actor, proyeccionista y, cómo no, censor máximo del reino.

Los historiadores José María Caparrós y Magí Crusells cuentan en «Las películas que vio Franco (y que no todos pudieron disfrutar)» (Cátedra, 2018) que ese cariño le llegó siendo muy joven. En su segunda etapa en Marruecos, cuando era comandante, no era difícil verle con su cámara Pathé Baby de 9,5 milímetros filmando la retirada de la Legión y de los Regulares de Xauen a finales de 1924. «En pleno fuego, el ilustre Teniente Coronel Franco tiene tiempo para emplazar su máquina cinematográfica en un trípode e impresionar una película de todo el combate que le recuerde este memorable día del 17 de noviembre en que nos despegamos de Xauén», decía uno de los oficiales presentes en aquella guerra del Rif, según recoge el libro.

Dos años después fue más allá en su afición y consiguió dar vida a un oficial del ejército español en una película de Francisco Gómez de Hidalgo: «La malcasada» (1926). Franco interpretaba a un destacado militar que, vestido de civil, regresaba de la guerra de Marruecos acompañado de un amigo al que, curiosamente, daba vida José Millán Astray, el fundador de la Legión. Un filme lleno de cameos de personajes célebres de la época como el pintor Julio Romero de Torres, los escritores Pedro Muñoz Seca y Valle-Inclán y el director de ABC, Torcuato Luca de Tena.

«La época más popular del cine»

La obsesión de Franco por el cine continuó durante la Segunda República, hasta el punto de correr un rumor decía que, entre 1931 y 1936, se dedicó a escribir reseñas de las películas de la época bajo un seudónimo para diversas publicaciones del Ejército. Y después utilizó este arte como un arma de propaganda más durante la Guerra Civil, dado el enorme potencial que había alcanzado. No le importaba a ninguno de los dos bandos que, poco antes de estallar el conflicto el 18 de julio de 1936, podías encontrarte en España a un director como Luis Buñuel ayudando a José Luis Sáenz de Heredia a rodar una de sus primeras películas: «La hija de Juan Simón». Un comunista convencido y el primo del fundador de Falange trabajando juntos y tan amigos en este drama musical.

Por aquel entonces, Florián Rey arrasaba con «Morena Clara», el filme más taquillero del periodo republicano, y Benito Perojo se hacía de oro con «La verbena de la Paloma», que llevaba meses en cartelera. «Era la época más popular del cine en España por una razón muy sencilla: el analfabetismo estaba por encima del 30% y en España se había impuesto el doblaje. Eso no quiere decir que fuera el mejor, pero había una gran sintonía entre el público y las películas hasta que estalló la guerra», contaba hace dos años a ABC el historiador catalán Román Gubern, que añadía: «El 18 de julio se produjo un terremoto en el que la producción privada prácticamente desapareció».

Alrededor de quince largometrajes se encontraban en pleno rodaje cuando Franco dio el golpe de Estado. Buñuel, por ejemplo, estaba produciendo la película de Jean Grémillon, «Centinela alerta», y tuvo que mandarlo rápidamente de vuelta a París y acabarla él mismo. Perojo tuvo que interrumpir el rodaje de «Nuestra Natacha», un filme que reflejaba muy bien el ambiente en los meses previos al alzamiento. Y lo mismo ocurrió con «Asilo naval» y «El genio alegre», esta última protagonizada por Fernando Fernández de Córdoba, el hombre que leería en la radio el famoso último parte de guerra en 1939.

El cine, en dos bandos

El cine español se dividió también en dos grandes bandos y Franco estaba dispuesto a exprimir el suyo al máximo. El problema es que el nacional se había quedado sin medios técnicos, puesto que los principales estudios y laboratorios se encontraban en Madrid y Barcelona, donde la insurrección había fracasado. El general tan solo contó inicialmente con los dos equipos de «El genio alegre» y «Asilo naval» que, coyunturalmente, se encontraban filmando en Cádiz y Córdoba cuando fueron ocupadas por sus tropas. En el bando republicano, por el contrario, lo que escasea era el capital.

Ambos gobiernos tomaron conciencia de la importancia de este medio para entretener a la castigada población y, sobre todo, para aleccionarla políticamente y contestar al discurso del enemigo. La guerra se trasladó a las pantallas y muchos documentales eran de réplica a lo que se producía en el otro bando. En la zona republicana, el sector cinematográfico queda a las órdenes de los sindicatos de la CNT (SIE Films) y el Partido Comunista (Popular Films). Y en el franquista, del Departamento Nacional de Cinematografía bajo la supervisión del ministro Ramón Serrano Suñer, Dionisio Ridruejo y el propio Franco. Según los datos ofrecidos por Magí Crusells en «La Guerra Civil española: cine y propaganda» (Ariel, 2000), en la zona republicana se produjeron 360 obras y en el franquista, 93.

Nada más finalizar la Guerra Civil, Franco se dio cuenta de que el cine sería el medio con el que realzaría su figura pública y lanzaría sus mensajes a la población. Por eso creo el noticiario del «NO-DO», cuyo primer número se proyectó en las pantallas españolas en enero de 1943. Su exhibición en las salas españolas fue obligatoria hasta 1975. Un total de 32 años en los que el Caudillo apareció en 1. 157 ocasiones, según el estudio «Memoria histórica y cine documental» (Universidad de Barcelona, 2016), de Caparrós, Crusells y Francesc Sánchez. Eso representa el 31,9% del total de las 4. 800 noticias que se emitieron.

1. 979 películas en El Pardo

Esa querencia por la gran pantalla fue cultivada también por Franco en su vida privada, con más obsesión si cabe. Si era capaz de rodar con su propia cámara las campañas militares en las que participaba cuando era joven, ¿qué sería capaz de hacer en un puesto de poder como el suyo tras la Guerra Civil? El propio Orson Welles, director de la considerada por muchos como mejor película de la historia, «Ciudadano Kane», juró haber visto con sus propios ojos una cinta de animación dibujada por el dictador español. Un rumor que nunca se confirmó.

Lo que sí está perfectamente documentado es que Franco escribió el guión de «Raza» (1942) bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. En ella, el dictador quiso contar la historia de una familia gallega desde la pérdida de las colonias de ultramar, en 1898, hasta su desintegración en la Guerra Civil. Todo un éxito de taquilla del que este no pudo disfrutar públicamente porque su verdadera identidad no salió a la luz hasta 1964, cuando quiso difundir su imagen como hombre de letras y solicitó su inscripción en la SGAE. Algo que hizo no solo por la película, sino también por los libros «Marruecos. Diario de una bandera» (1922) y «Masonería» (1952), este último escrito bajo otro seudónimo.

También están documentadas las proyecciones de cine que organizaba en El Pardo todas las semanas. Los títulos eran seleccionados por su mujer, Carmen Polo, y el productor Cesáreo González. Unas sesiones que, por lo general, se producían a las 17. 00 horas. Caparrós y Crusells aseguran en su libro que, entre 1946 y 1975, Franco vio 1. 979 películas. Una rutina que el Jefe de Estado conservaba de su estancia en Burgos durante los seis meses posteriores a la guerra, donde se le fotografió muchas veces asistiendo al cine.

Atendiendo a esta afición, lo primero que hizo el Caudillo nada más trasladar su residencia a El Pardo fue convertir en sala de cine un teatro doméstico construido por Carlos III y remodelado por Carlos IV. Fue allí donde, durante tres décadas, convocó a sus invitados para ver las películas que se iban a emitir en las salas comerciales, además de otras que nunca llegaron a hacerlo por haber sido prohibidas para todos… menos para él, claro.

Comedias y dramas

El género que más le gustaba, según Caparrós y Crusells, era la comedia, del que proyectó 507 título para sus amigos y él, seguido muy de cerca por el drama (503). Prefería también las películas de Hollywood (917) –entre cuyos directores favoritos se encontraban nombres como Henry Hathaway, Henry Koster y Jean Negulesco– a las nacionales (504). Entre estos últimos escogía a Rafael Gil, Pedro Lazaga y, obviamente, José Luis Sáenz de Heredia, que se convirtió después en el director oficial del régimen y que ayudaba al dictador, a veces, a juzgar que filmes iban a estrenarse en los cines o cuales no.

Sesiones a las acudía no solo su mujer, sino también amigos cercanos como el Marqués de Villaverde, Luis Carrero Blanco, Carlos Arias Navarro y sus respectivas mujeres, así como niños prodigio del cine español como Marisol y Pablito Calvo cuando proyectaban algún título de corte más infantil. Estos y otros invitados disfrutaron durante cuatro décadas de la mayoría de las aventuras de James Bond, pero también de títulos de directores de culto como «Las Noches de Cabiria», de Federico Fellini; «El manantial de la doncella», de Ingmar Bergman, «Rashomon» de Akira Kurosawa, y «Viridiana», de Luis Buñuel, que el dictador calificó de «baturrada». Además, también disfrutaron de muchos títulos comerciales de serie B y algunos títulos de éxito como «Doctor Zhivago», «Lo que el viento se llevó», «Espartaco» y «Casablanca».

La última proyección que Franco organizó en El Pardo tuvo lugar el 12 de octubre de 1975, un mes antes de morir. Vieron «Operación Crossbow», una película británica dirigida por Michael Anderson en 1965, y protagonizada por Sophia Loren y George Peppard, que ganó el Festival de San Sebastián. ¿Cuál era su argumento? Durante la Segunda Guerra Mundial, a un comando secreto de las fuerzas aliadas le encargan la misión de localizar una fábrica donde ingenieros nazis están trabajando en la creación de un poderoso misil. Uno de los agentes logrará infiltrarse en la factoría. .

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2019-7-4 03:01

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