Dos páginas en la Biblia

Dos páginas en la Biblia

Dice un viejo chiste de la profesión que, cuando Moisés llegó al mar Rojo, se encontró con una enorme lengua de agua delante, un montón de hebreos cansados y el ejército del faraón pisándole los talones.

Moisés pidió opinión a sus más próximos y determinaron que, lo mejor, era llamar al jefe de prensa. Consultado sobre la situación, el asesor de comunicación del éxodo se aclaró la voz y se dispuso a dar su punto de vista: «Verás, Moisés. Lo mejor es que cojas tu cayado y des dos golpes fuertes en el suelo. El agua del mar se abrirá entre un gran estruendo divino. Todos los judíos de Egipto pasaremos tan ricamente a la tierra prometida y, cuando lleguen las tropas del faraón, el mar se cerrará sobre sus cabezas provocando muerte y destrucción». Moisés se rascó la barba y preguntó, pensativo, a su jefe de prensa: «Chico, ¿tú crees que esto funcionará?». El asesor fue directo: «Mira, funcionar no sé si funcionará pero las dos páginas en la Biblia no te las quita ni Dios». La gracia del asunto es que, cuando algo no funciona en política, rara vez se echa cuenta de la capacitación del personal, de las decisiones que se toman o de la ausencia de un programa político sólido. Lo habitual es decir que hay un problema de comunicación. Que las cosas se transmiten de forma incorrecta, que los medios abordan los asuntos de una manera superficial o, en su defecto, que les tienen manía. Desde que trabajo en esto, tengo la constancia de que, cada vez que se alude a la comunicación (que en ocasiones funciona mal), es que alguien no reconoce que los problemas son más graves, que las personas no son las adecuadas. Esta misma semana, el gobierno municipal transmitió, sin provocación previa que se sepa, que pensaba realizar cambios en la Noche Blanca del Flamenco como consecuencia de sus propias convicciones y, por qué no decirlo, de que forma parte de las presiones de Ganemos para aprobar el presupuesto de este año, que por cierto sigue sin estar aprobado. El caso es que se dio la versión -literalmente reproducida por todos los medios de Córdoba, independientemente de su línea o formato- que se extendería en el tiempo. Oficial y oficiosamente, se transmitió que la Noche Blanca seguiría existiendo pero que se extendería con posterioridad para hacerla coincidir con una suerte de verbenas flamencas en los barrios, de forma que se revitalizase las fiestas de distrito que andan un poco de capa caída. De paso, se aplacaba la demanda de la asamblea de Ganemos, que consideraba que se estaba gastando mucho dinero en muy poco tiempo en este acontecimiento cultural en concreto. El gobierno municipal puede estar un poco en Babia a veces pero está aprendiendo, a collejas, que sus actos tienen consecuencias. Hay personas a las que el cambio le parece estupendo y, también, votantes que les parece una soberana estupidez tocar un formato que funciona y que ha sido aceptado como parte del calendario cultural y festivo de la ciudad desde que José Antonio Cabanillas y Andrés Ocaña pusieron en marcha la idea. Obviamente, el asunto ya tiene presencia en los cada vez más activos grupos de Facebook e incluso existe una petición de firmas en la plataforma más popular de internet contra cualquier cambio. Ayer mismo, el gobierno municipal intentó parar el golpe. Emitió un comunicado un tanto chiripitifláutico del quedan varias conclusiones: ya no habrá noches blancas (en plural) sino actividades complementarias, no habrá menos dinero para la Noche Blanca, las actuaciones en barrios se incorporan al programa Cultura en Red (que no organiza exactamente grandes acontecimientos) y, por último, que alguien le ha dicho al PSOE que tenga la fiesta en paz con el potente sector hostelero del Casco Histórico. A todo esto, el equipo de gobierno tiene poderes legítimos para rediseñar o eliminar la Noche Blanca del Flamenco si le parece oportuno. Es su responsabilidad hacerlo aunque, lo mejor, es cambiar las cosas cuando se sabe dónde se quiere llegar. En cualquier caso, lo que resulta alucinante es que se esté hablando en serio de que la puñetera noche de marras, una fiesta, se haya convertido en una parte relevante del debate que condiciona el presupuesto municipal para el año 2016. Si de verdad Córdoba tiene, entre sus grandes problemas, que haya recitales flamencos en Cañero o frente al Museo Arqueológico es que alguien sigue sin tener ni puñetera idea de la ciudad en la que vive, de sus problemas reales. Sigamos por esta vía de política naïf, de pegos solemnes, que vamos estupendamente.








.

abc.es »

Tags: #noche #blanca #cuando #moisés #gobierno #municipal

2016-1-31 15:53