El efecto dominó de la crisis turca amenaza con sepultar a los emergentes

La devaluación estrepitosa de la lira turca y del peso argentino frente al dólar en lo que va del año ha encendido las alarmas en una economía mundial interdependiente que teme por un efecto dominó entre los países emergentes.

Según los expertos, el déficit por cuenta corriente y el endeudamiento en divisa extranjera se convierten en un «cocktail» peligroso cuando coinciden con una subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal en EE. UU.

Durante el último mes, el tembleque de la moneda otomana ha puesto todas las miradas en Ankara, pero Argentina, Sudáfrica, Brasil, Rusia e India –por nombrar solo algunos– están muy próximos y expuestos a los embates de los mercados. El dinero ha comenzado a huir. Los inversores desconfían de unas políticas económicas que ofrecen tipos altos pero no confianza ni estabilidad.

Los gobiernos prefieren esquivar el término crisis y recurren a vocablos como «tormenta». Lo cierto es que cada día surfean en la inestabilidad. Cada región tiene sus particularidades políticas y macroeconóimcas, pero los especialistas entienden que existen puntos en común. La máquina de imprimir billetes y las medidas adoptadas por los bancos centrales en las economías emergentes no han sido suficientes para contener los indices inflacionarios y la depreciación de las monedas.

La lira turca se ha dejado –solo en agosto– una bajada acumulada respecto al billete verde de más del 20%. En Argentina, el peso también ha perdido cerca del 50% de su valor en lo que va del año. El real brasileño ha alcanzado una depreciación del 20% desde el inicio de 2018. Y en Rusia el rublo se ha vuelto a debilitar (18%). En la misma linea, la rupia india ha bajado alrededor del 12,5% este año y se encuentra en mínimos históricos. A su vez, la economía mexicana parece ofrecer síntomas de agotamiento.

Según palabras de Mario Weitz, profesor de ESIC Business & Marketing School y consultor del Banco Mundial, las economías emergentes están padeciendo tanto de políticas autoinflingidas como de factores externos. «Países como Turquía o Argentina, con déficit de la cuenta corriente y déficit fiscal, dependen mucho del financiamiento externo. Y la subida de tipos de interés en EE. UU. , el proteccionismo arancelario y la posibilidad de una recesión en el país de Trump han cambiado el clima internacional», explica.

Para Weitz la clave está en el riesgo país; es decir, en la percepción que tienen los inversores de cada una de las economías. «Cuando los fondos de inversión ven peligro, como es el caso de Turquía o Argentina, venden esos activos para ir al dólar. La fuga de capitales en estos países ha sido bestial por el desequilibrio interno», indica el profesor. Los inversores están preocupados por el riesgo de contagio y se mantienen expectantes respecto al futuro incierto del mercado comercial mundial. Como destaca Stéphane Monier, jefe de Inversiones de Lombard Odier, los mercados emergentes son de hecho vulnerables con EE. UU. en una fase de ajuste, y los inversores ahora están más dispuestos a recompensar a los más fuertes y castigar a los más débiles.

En este contexto, Argentina vuelve a estar en el alambre. Esta semana, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha decidido subir nuevamente el tipo de interés de referencia, del 45% al 60%. El Comité de Política Monetaria del BCRA ha tomado esta decisión como respuesta a la «coyuntura cambiaria actual y al riesgo de un nuevo impacto sobre la inflación doméstica».

El presidente Mauricio Macri aseguró este miércoles que el FMI pondrá ya a disposición la totalidad de los fondos aprobados para Argentina, con el objetivo de «garantizar el cumplimiento» del programa económico del próximo año. «En las últimas semanas hemos tenido expresiones de falta de confianza en los mercados, específicamente sobre nuestra capacidad de lograr financiación para 2019», declaró el presidente del país latinoamericano. Además, el mandatario detalló que la decisión apunta a «eliminar cualquier incertidumbre» que se hubiera generado ante el «empeoramiento» del contexto internacional. Tras el anuncio de Macri, la moneda argentina sufrió fuertes devaluaciones (casi del 30% en agosto) y sobrevoló los 40 pesos por dólar.

En los años de bonanza, el interés de los inversores por los emergentes aumenta y los paises en crecimiento se endeudan en dólares. El inconveniente es la alta exposición de estos países a los movimientos internacionales. Cuando la moneda se deprecia se hace cada vez mas complicado saldar la deuda y comienza la espiral negativa de la cual es muy difícil salir. Cuando los compromisos en divisa extranjera no se puede pagar, las corporaciones se estancan y la inversión foránea se repliega; entonces el FMI aparece como mal necesario.

Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis Gestión y profesor en el IE Business School, define lo que está sucediendo como una «parada en seco», un concepto para explicar lo que sucede cuando una economía se acostumbra durante muchos años al flujo de dólares y a endeudarse con el exterior y de repente ese flujo se revierte. «En 2017 los mercados emergentes aumentaron su deuda en dólares más de un 10% (la han duplicado en los últimos nueve años). Por lo tanto, los gobiernos de esos países van a tener que hacer grandes ajustes porque la capacidad para pagar esa deuda está empeorando producto de las constantes devaluaciones. Y lo peor es que sus necesidades de financiación con el exterior no se están reduciendo», señala.

El especialista de IE no ve con sorpresa los vaivenes de la economías emergentes. «En cierto modo se utiliza como excusa la subida de las tasas en EE. UU. El bono a 10 años en EE. UU. paga un 2,8% y el bono a 30 años paga un 3%. Un bono a 10 años en cualquier economía emergente da 150 puntos más. Es una gran oportunidad, pero no hay compradores porque no hay confianza. La gente prefiere el bono alemán con rentabilidad negativa», comenta Lacalle.

El informe del grupo bancario independiente Lombard Odier recalca que «los mercados emergentes pueden generar una rentabilidad y un crecimiento que es estructuralmente más alto que el del resto del mundo a largo plazo, pero seguirán siendo vulnerables al sentimiento a corto plazo, a los eventos geopolíticos (tensiones comerciales) y al coste creciente del capital, por lo que la selección es crucial a nivel de país y clase de activos». Los duros meses que ha vivido recientemente Turquía y Argentina son un útil recordatorio de que los riesgos idiosincráticos persisten.

Respecto a España –el Ibex 35 cayó un 0,75% lastrado por el comportamiento de la banca en Bolsa– los especialistas consultados por ABC coinciden en que no existe peligro inminente. Los números indican que BBVA –la entidad más expuesta en Turquía– acumula ya un descenso de en torno al 24% en el precio de su acción desde comienzos de año. El profesor Lacalle dice que «si bien por el momento el riesgo esta razonablemente contenido, el gobierno español no está tomando ninguna medida preventiva, sino al contrario, está proponiendo aumentar el deficit fiscal frente a la ralentización de la economía». Y opina: «Está ignorando el riesgo y eso no está bien».

China se enfría

Y en este contexto de incertidumbre y máxima volatilidad, el factor China podría empeorar la situación. Un reciente informe de la firma de asesoramiento financiero Arcano Partners asegura que «para finales de agosto EE. UU. habrá impuesto aranceles de un 25% a un total de 50. 000 millones de dólares de importaciones de China, amenazando con extenderlos a otros 200. 000 millones en noviembre». El daño en la economía china comienza a ser evidente, no por el impacto directo en sus exportaciones, sino por el efecto que la incertidumbre genera en sus inversiones y por extensión en su divisa (que lleva casi un 10% de caída desde primavera) y en su Bolsa, que ha caído casi un 20% durante el mismo periodo.

El documento señala que durante el primer semestre del año China ha entrado en déficit de cuenta corriente por primera vez en 20 años, y las inversiones crecen ya al menor nivel de las últimas dos décadas. La esperanza se situaba en el consumo (que representa cerca del 40% del PIB), pero las ventas minoristas también han decepcionado. Si la situación no se da la vuelta de una forma rápida –concluye el análisis de Arcano– se acentuará la crisis emergente vía una menor demanda de materias primas (vector importante de las exportaciones emergentes), especialmente en los metales industriales como en cobre, el aluminio o el zinc, muy sensibles ante esta situación.

Los más señalados y los indemnes

Según el documento publicado por Lombard Odier, Rusia, China, Tailandia, India, Malasia y Corea se ubican como las principales selecciones entre los mercados emergentes. Para la evaluación se tienen en cuenta fundamentales macroeconómicos tales como la inflación, la deuda externa y la producción industrial. Desde el organismo también se evalúan cualitativamente elementos como la independencia de los recursos, la demografía y la estabilidad política. Por el contrario, Venezuela es el menos atractivo, mientras que Turquía está ya en la zona de peligro. «Argentina y Sudáfrica se ven vulnerables sobre la base de los fundamentales, y por lo tanto son propensos a atraer la atención negativa de los que se asustan por los acontecimientos en Estambul», dice el informe. Colombia debe ser vigilada de cerca, especialmente con el flujo de refugiados venezolanos que pueden perjudicar los servicios sociales. Brasil se mantendrá bajo el foco de atención en el contexto de las próximas elecciones presidenciales de octubre y sus implicaciones para las perspectivas fiscales del país. En Asia habrá que estar atentos con el impacto indirecto de una posible guerra comercial entre China y EEUU. .

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2018-9-3 04:43