Expulsan al imán de la cárcel de Zuera por relacionar los atentados con las misiones españolas en países árabes

El imán de la cárcel de Zuera (Zaragoza), Fawad Nahhas, conocido líder de la comunidad islámica de Aragón, ha sido expulsado y apartado de sus funciones en ese centro después de que en la oración del viernes 25 de agosto, solo una semana después de los atentados de Cataluña, condenara los ataques, pero con la reflexión añadida de que «España -dijo- ha participado en coaliciones internacionales en las que el número de víctimas entre los países árabes ha sido cien veces superior.

. . » a las registradas en Barcelona y Cambrils. «El terrorismo no es un invento musulmán, el terrorismo es un invento de las potencias europeas tras la Segunda Guerra mundial», acusó el clérigo ante 18 internos que asistían al culto en ese momento, según fuentes penitencias de gran solvencia a las que ha tenido acceso ABC.

Este alejamiento fulminante ilustra el reforzado celo que el Ministerio del Interior ha impuesto en el control de mezquitas e imanes como medida adicional para frenar posibles radicalizaciones como las que promovió desde Ripoll (Gerona) Abdelbaki Es Satty, presunto cerebro de los atentados en Cataluña. Que esta orden de extremar la vigilancia haya tenido efecto inmediato en el ámbito de una prisión revela además el esfuerzo de Instituciones Penitenciarias, dirigida por Ángel Yuste, por garantizar un ejercicio del culto musulmán dentro de una interpretación moderada y combatir de forma decidida el adoctrinamiento en el extremismo y recluta de yihadistas. Para ello, agregan expertos preguntados, la selección de los imanes que entran en las prisiones es «escrupulosa y no está abierta a cualquiera».

Control visible

La supervisión en las cárceles contra la fanatización es un hecho y ya se intensificó en 2015 tras los atentados en París contra el semanario Charlie Hebdo. «El control no es sobre el Islam, sino sobre los internos que son objeto de seguimiento por haber mostrado indicios de radicalización», subraya la fuente consultada, que precisa que no se vigilan todos los servicios religiosos en todas las prisiones «al 100 por 100, pero sí se hace en muchas ocasiones».

Fue el caso de la mencionada oración tras la que se produciría la expulsión de Fawad Nahhas, para más señas, presidente de la comisión Islámica de Zaragoza y secretario de la Unión de Comunidades Islámicas (Ucide) de Aragón. El rezo tuvo presente en todo momento a un funcionario de control, visible y conocido de otras veces por los internos, que llegaron a «girar la cabeza hacia él y mantenerle la mirada» cuando el imán pronunció las palabras en las que pareció relacionar los ataques en Cataluña con la participación española en misiones militares en países árabes. La fuente no especifica si la mirada de los presos al funcionario fue en señal de desafío «o más bien de desconcierto ante lo que estaban oyendo».

La observación de aquel acto religioso tenía como objeto rutinario, no obstante, el seguimiento del comportamiento de algunos de los reclusos asistentes, en particular cinco de los 18, clasificados todos por Instituciones Penitenciarias como integrantes de los grupos B y C, esto es, líderes con potencial para reclutar voluntades al servicio del yihadismo e individuos susceptibles de radicalización respectivamente, pero ninguno encarcelado por actividades de corte yihadista, que conforman el Grupo A.

El protocolo manda anotar exhaustivamente cada detalle para poder valorar su significado y evitar fallos, como los que pudieron acumularse para que quien acabó siendo imán de Ripoll no fuera considerado sospechoso durante los cuatro años que pasó en la prisión de Castellón I por tráfico de hachís. Pero lo cierto es que entonces no se había introducido aún en el sistema penitenciario español el «Programa Marco de Intervención en Radicalización Violenta con Internos Islamistas» de 2015, que hoy ordena pormenorizadamente cómo actuar.

Cada gesto

Así, la vigilancia de los asistentes al culto en las prisiones obliga a consignar incluso gestos aparentemente intrascendentes, como movimientos de asentimiento con la cabeza de los internos al hilo de cada mensaje, como quien se sienta junto a quien, si hay cambios en las vestimentas o las relaciones de jerarquía que se evidencian cuando unos reclusos buscan la aprobación de los de mayor ascendente.

En el rezo del viernes 25 de agosto en Zuera ya mencionado, por ejemplo, se detectó que uno de los presos que habitualmente interviene en el acto religioso para «dejar patente su rechazo al terrorismo», esa vez no lo hizo. Según las fuentes penitenciarias, se trata de un hombre que ha ejercido como imán en una mezquita de Aragón. Llamó la atención también que otro de los presentes, de costumbres rigoristas e identificado claramente en la prisión como un líder cuyo consejo procuran otros, ha abandonado los ropajes islámicos a partir los ataques de Barcelona y Cambrils. De igual modo, se comprueba que desde esa fecha ha retornado a la oración del viernes un recluso que había dejado de frecuentar el culto tiempo atrás.

Obstáculo habitual para el desarrollo de esta labor en los centros penitenciarios ha sido la falta de traductores capaces de entender, ya no el árabe, sino los dialectos a los que en ocasiones han recurrido imanes e internos para conducirse en sus oraciones. El de Zuera se dirigió a los fieles en castellano. .

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2017-9-10 05:43