Frente común contra el cierre de Lauki: "Quedarían rotas muchas familias"

A Juan Carlos García Serrano se le nota nostalgia en la voz si echa la vista atrás y recuerda cómo era su vida hace 26 años, cuando empezó a trabajar en la fábrica de leche Lauki de Valladolid.

“Entonces íbamos a pedales y ahora vamos en motocicleta”, resume mientras rememora que en 1990 se trabajaban “un montón de horas de lunes a sábado” y, pese a ello, se producía mucho menos que ahora porque las máquinas eran mucho más lentas. En unos meses, todos esos recuerdos pueden ser todavía más parte del pasado. Si nada cambia, la compañía Industrias Lácteas Vallisoletanas, controlada por el gigante francés Lactalis, cerrará la planta el 30 de junio.


El empleo de 86 personas pende de un hilo, pero Lactalis, dueña de Lauki desde 2004, se ha topado con un frente común en contra de la desaparición de la fábrica: los trabajadores, que han anunciado más protestas y más potentes para las próximas semanas, han conseguido llenar la capital castellana de carteles en los que se lee “Lauki en lucha” o “Lauki no se cierra”; un grupo de Facebook de apoyo a los empleados suma más de 1. 100 seguidores en apenas unos días; la Junta de Castilla y León está negociando para encontrar una salida; e incluso el alcalde, el socialista Óscar Puente, ha llegado a insinuar que, si la empresa sale de Valladolid, en la ciudad habrá un boicot a los productos de la multinacional francesa.


“La situación que se vive es de muchísima crispación porque es un cierre injusto. Es una fábrica rentable que sigue dando beneficios”, zanja Sandra Vega, secretaria de Alimentación de UGT en Castilla y León. Ese es precisamente el elemento que enfurece más en la ciudad, y trabajadores y sindicatos culpan de la situación a la reforma laboral del PP. El periódico El Día de Valladolid publicó las cuentas anuales de Lauki de 2014, las últimas que presentó en el Registro Mercantil de Valladolid, que reflejaban que la compañía triplicó sus beneficios ese año hasta superar los dos millones de euros -1,4 millones después de impuestos-.


"LA ACTIVIDAD DE LA FÁBRICA HA DESCENDIDO"


En un comunicado, la empresa argumentaba que la fábrica de Valladolid, que lleva allí desde 1956, se "ha visto impactada en mayor medida por el descenso continuado de ventas de la marca Lauki, el estancamiento de la demanda de leche pasterizada así como la pérdida de producción de marcas de distribuidor que venía fabricando para el mercado portugués". "En consecuencia, la actividad de esta fábrica ha descendido significativamente en los últimos años, lo que ha deteriorado su competitividad", continuaba. La marca continuaría, en cualquier caso, en los supermercados, puesto que Lauki tiene plantas en otras ciudades.


Fuentes de la empresa consultadas por El Huffington Post rechazan pronunciarse sobre el malestar de los trabajadores, cuyo argumento principal es que la fábrica es rentable. “En eso no nos metemos ahora, nos remitimos al comunicado y, de momento, no hay ninguna otra postura”, zanjan.



"Es una deslocalización pura y dura. Hace dos años ya hubo protestas e incluso denuncias a la inspección del trabajo porque se estaban llevando producción a otras fábricas"


“Es una deslocalización pura y dura. Hace dos años ya hubo protestas e incluso denuncias a la inspección del trabajo porque se estaban llevando producción a otras fábricas de la compañía. De hecho, se llegó incluso a sacar una máquina para intentar llevársela”, denuncia Sandra Vega, quien recuerda que la multinacional ya ha cerrado en los últimos años otras fábricas en Valencia y en Sevilla. Ahora, sindicatos, administraciones y trabajadores reclaman que, al menos, Lactalis venda la fábrica a otra empresa, aunque de momento la compañía no parece contemplar esa opción.


"SERÍA PARTIR LA VIDA A LOS TRABAJADORES"


En su comunicado, la empresa afirmaba que trataría de buscar la recolocación de los trabajadores en otras fábricas del grupo, algo de lo que sindicatos y empleados no quieren ni oír hablar. Argumentan que las únicas plantas cercanas son dos de quesos, una en la localidad vallisoletana de Peñafiel y otra en Zamora. “Las demás ya están en otras comunidades autónomas, como Galicia o Andalucía. Eso sería partir la vida a los trabajadores”, subraya Vega, quien destaca que el prototipo de trabajador de Lauki es un hombre de 47 años, casado, con hijos y con 20 años de antigüedad en la fábrica. Un perfil, indica, con pocas opciones de movilidad y de reintegración en el mercado laboral.


José Manuel González, presidente del comité de empresa, cumplió el 20 de marzo 26 años trabajando en Lauki. Dice que, si se llegase al escenario de la recolocación, mucha gente se quedaría “entre dos aguas”. “No sabrían qué hacer: si llevarse a la familia o irse y dejar a la familia aquí. Porque en muchos matrimonios trabajan los dos o tienen hijos estudiando o padres mayores. Se quedarían rotas muchas familias”, dice antes de subrayar que ahora “la batalla es que esto siga, que continúe”.



"Nadie ha dicho: ‘Yo voy a dejar de trabajar’ o ‘Yo voy a bajar los brazos'. Seguimos dando el callo"


González afirma que los empleados trabajan en los últimos días con mucha incertidumbre, pero destaca que todos siguen “dando el callo”. “Nadie ha dicho: ‘Yo voy a dejar de trabajar’ o ‘Yo voy a bajar los brazos”, advierte. Y recuerda que en 2011 ya tuvieron “un conflicto” con la empresa porque veían que esto podría pasar. “Salimos a la calle y seguimos trabajando bien. Podríamos haber dicho: ‘Que les den por el saco, que esto lo van a cerrar’. Y hemos tenido años muy buenos, hemos dado la mejor calidad del grupo a nivel de España. En cinco años no hemos tenido ningún problema de calidad”, dice con orgullo.


DE 200 A 94 MILLONES DE LITROS AL AÑO


Los trabajadores denuncian que su declive comenzó en el año 2010, cuando Lactalis compró Puleva por 630 millones. Dicen que, al principio, el gigante francés quería hacer de Lauki su marca de leche nacional y que, para ello, incluso le cambiaron el nombre por Lactel. Pero, aseguran, tras la compra de Puleva pasaron de ser “cabeza de león a cola de ratón”. “Se llevaron todos los productos de valor añadido, los que dejan más margen de beneficios. Se llevaron marcas que nosotros habíamos hecho toda la vida, incluso leches que se habían investigado aquí como la baja en lactosa. Si tú me llevas todo lo que yo hacía, ¿qué puedo hacer yo?”, se queja José Manuel González.


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Los empleados admiten que la compañía tiene razón cuando dice que la producción de la fábrica ha descendido. En concreto, aseguran que han pasado de producir unos 200 millones de litros de leche al año en 2009 a los 94 millones que iban a hacer este año. Pero denuncian que eso se debe a que la empresa les ha quitado producción para llevarla a otras fábricas y ha despedido a cerca de 100 trabajadores en los últimos años.


Lauki está en lucha y los trabajadores se preparan para la batalla. ¿La suerte está echada?


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2016-4-3 11:42