El fugitivo número 12

La ficción supera a la realidad. Éste es el caso de Jan Baalsrud, que sobrevivió durante dos meses a una cacería del Ejército alemán a temperaturas polares. Estaba sepultado bajo la nieve, tenía las piernas heladas y no podía andar, por lo que decidió amputarse con una navaja nueve dedos de los pies.

La dramática historia de Baalsrud comienza en marzo de 1943 cuando la inteligencia militar británica decide enviar un comando de 12 hombres a Noruega, ocupada por los nazis. Su misión era contactar con la resistencia y sabotear instalaciones vitales para la Luftwaffe.

Debido a las malas condiciones meteorológicas que impedían lanzarse en paracaídas, el grupo viajó en un pesquero que atracó en un lugar remoto de la costa noruega. Pero fue delatado por la persona que les tenía que ayudar a infiltrarse. El barco quedó atrapado en una ensenada y rodeado por soldados alemanes que tenían la orden de disparar a matar. Sólo Baalsrud, que se escapó a nado, pudo sobrevivir. Los cadáveres de sus compañeros quedaron en la playa.

Baalsrud era noruego y se había alistado en el Ejército británico en 1941. Tenía entonces 25 años, era un ferviente antinazi y un excelente deportista y esquiador. Por ello, fue formado para ser enviado a su país para participar en misiones de sabotaje.

Tras huir milagrosamente por una ladera bajo las balas alemanas, vagó durante varios días por parajes desolados a temperaturas de más de 30 grados bajo cero. Finalmente encontró cobijo en la casa de un pescador, que le facilitó contactos y una hoja de ruta para escapar.

Bajo la persecución de los alemanes, el fugitivo logró recorrer poco más de diez de kilómetros en tres días. Vagaba sin rumbo, con graves lesiones en la retina, sin comida y con los miembros congelados hasta que llegó a una aldea llamada Furuflaten. Corriendo un riesgo extremo, un granjero llamado Marius Gronvold le acogió en su desván y le protegió durante más de una semana.

Marius contactó con la resistencia en Tromso y recibió instrucciones para trasladarlo a otra aldea vecina. Así lo hizo con la ayuda de tres personas de confianza, que le subieron en trineo por una escarpada ladera en condiciones extremas. Cayó una fuerte tormenta de nieve y los rescatadores no le encontraron. Baalsrud permaneció tres semanas en un hueco bajo una roca, sepultado por una capa de hielo. Allí se cortó los dedos de los pies tras beberse unos tragos de cognac. Por fin, fue hallado por los campesinos y entregado a unos pastores lapones, que le trasladaron a la frontera con Suecia.

El soldado noruego logró salvar sus piernas congeladas y volvió a Gran Bretaña. Tras acabar la guerra, compró una casa en Oslo y se casó con una mujer estadounidense. Se dedicó con éxito a los negocios y murió en Tenerife en 1988 tras ser reconocido en su país como un héroe. .

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2018-6-4 11:25

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