Globalización, mito y realidad

La globalización es generalmente admitida como un paradigma de nuestro tiempo que se refleja en una interacción más o menos profunda entre los distintos actores de la escena mundial. Según el Diccionario de la RAE, globalizar es en su primera acepción integrar en un todo cosas diversas; en la segunda es universalizar, dar a algo carácter mundial.

Para muchos, la globalización es un concepto positivo que está cambiando la relación entre países y personas. Sin embargo, conviene evitar expectativas desmesuradas con la percepción actual de la globalización como resultado de un proceso desordenado. En este punto, creo que hay que distinguir entre el avance habido hacia la globalización y su desarrollo en el futuro. El camino recorrido ha sido un proceso gradual pero no controlado que se ha acelerado a partir del final de la Segunda Guerra Mundial favorecido por una serie de rápidas transformaciones económicas, tecnológicas, sociales, culturales y políticas. Esa globalización está haciendo que nuestro mundo sea un espacio cada vez más conectado que muchos denominan aldea global. Es oportuno recordar que el primer paso decidido hacia la globalización fue dado por Juan Sebastián Elcano cuando llegó a Sanlúcar de Barrameda en la nao Victoria el 6 de septiembre de 1522 tras una larga travesía que se había iniciado tres años antes. La hazaña de Elcano permitió comprobar de una manera innegable y práctica la forma esférica de la Tierra, circunstancia que hasta entonces no había sido probada. Ese conocimiento fue un hito decisivo en la subsiguiente exploración de todos los rincones de nuestro mundo a la que contribuyeron de forma destacada los españoles.

El avance de la globalización ha sido imparable en los últimos años, pero no ha estado acompañado del desarrollo de estructuras políticas y administrativas eficientes que la encauzasen adecuadamente. Ha habido a lo largo de los últimos 500 años numerosos intentos de crear estructuras de gobierno global, en general bajo el dominio de alguna potencia o conjunto de potencias. En todo caso, la Organización de las Naciones Unidas ha sido hasta ahora el proyecto más avanzado de coordinación de las naciones de la Tierra. A pesar de ello, el Consejo de Seguridad no ha conseguido que sus decisiones sean respetadas por todos los países ni ha podido establecer una gobernanza global. El derecho de veto de los miembros permanentes es un reflejo de la situación geopolítica al final de la Segunda Guerra Mundial. Ese derecho desprestigia al Consejo y de alguna forma deslegitimiza su funcionamiento. Por otra parte, las ineficientes, burocratizadas y a veces sobrecargadas estructuras de las Naciones Unidas no están preparadas para garantizar una gobernanza exitosa de la comunidad internacional. Las organizaciones multinacionales de carácter regional carecen también de la capacidad ejecutiva para imponer sus decisiones a sus miembros más poderosos.

La crisis provocada por la pandemia del Covid-19 ha puesto de relieve que las supuestas ventajas de la globalización son un mito si no van acompañadas de una estructura organizativa que haga posible, al menos en algunas situaciones, una gobernanza mundial. En las últimas semanas hemos asistido a cierres de fronteras, a agresivas competencias comerciales y a una falta de coordinación evidente en las estrategias y tácticas para frenar el coronavirus. En el mundo hay actualmente 193 estados soberanos miembros de la ONU, reconocidos internacionalmente. Sin embargo, un número muy limitado de ellos tiene una proyección global. Por su parte, de los millones de entidades con actividad económica, cultural o social existentes en el mundo sólo un número reducido de ellas tiene una actividad universal. Los países miembros del G20 y algunos otros países tienen o pretenden tener una proyección global. Esos países deben liderar un urgente proceso para actualizar, reforzar y revitalizar la Organización de las Naciones Unidas para garantizar la gobernanza del mundo en caso de crisis globales.

Las barreras geográficas, la distancia entre los países y las fronteras han dificultado, durante siglos, la comunicación fluida entre los pueblos y el desarrollo de las relaciones internacionales. Los avances tecnológicos, el transporte aéreo, el desarrollo de la informática y la consecuente rapidez de la transmisión de la información han cambiado radicalmente la situación. Para conseguir que en el futuro no se repita la situación que estamos padeciendo, la humanidad puede aprovechar los instrumentos que los avances tecnológicos proporcionan para avanzar hacia una gobernanza mundial que, basada en los derechos del hombre, la democracia y el imperio de la Ley, asegure la libertad y la prosperidad de todos los seres humanos y una respuesta común en situaciones de crisis. La tarea es colosal, pero, como decía Albert Einstein hablando sobre crisis: «No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos». Todos juntos podemos lograr que, tras la crisis del coronavirus, la globalización pase de ser un mito para convertirse en una realidad viable.

El Dr. Federico Yaniz Velasco es General del Ejército del Aire (Ret. ) y periodista.

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2020-3-30 15:24

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