Iglesias españolas en Marruecos, entre el abandono y el limbo legal

Un gran número de iglesias marroquíes desacralizadas a raíz de la extinción del colonialismo europeo experimentan en la actualidad una segunda vida, en la que han cambiado la rutina de la liturgia cristiana por una serie de usos de lo más variopinto.

Con su valor histórico y arquitectónico por bandera, unido a sus ubicaciones habitualmente privilegiadas en el centro de ciudades y pueblos, múltiples templos han sido reciclados como centros culturales, oficinas gubernamentales, hoteles e incluso mezquitas.

Se han salvado así del olvido al que pudo haberles abocado la desaparición de los protectorados francés y español en 1956, que trajo consigo un brutal descenso de la población cristiana de Marruecos y la reversión de las tierras ocupadas por la Iglesia en favor del nuevo Estado marroquí.

Ello explica que la mayor parte de las parroquias desacralizadas quedaran en manos del Estado o de otras administraciones públicas, aunque hay excepciones como la llamada "Iglesia española" de El Yadida, enclavada en una ciudadela levantada por los portugueses en el siglo XVI y que hoy es un hotel de lujo llamado sencillamente "L'Iglesia".

Los antiguos templos cristianos han tenido destinos dispares. Algunos de ellos, como los de San Antonio (Martil, cerca de Tetuán), Buenaventura (Casablanca) o L'Ócean (Rabat) fueron transformadas en centros culturales, donde se ofertan distintas actividades para los vecinos de sus barrios. En el céntrico barrio de Hassan, en Rabat, el Ministerio de Inmigración marroquí emplea una antigua iglesia como Oficina de Refugiados, mientras que la ubicada en el vecindario de Roches Noires de Casablanca pasó a ser una mezquita.

En esta misma ciudad, la vieja catedral del Sagrado Corazón, una enorme construcción que integra elementos góticos en el estilo art déco y fue levantada en 1930, es objeto de un ambicioso proyecto de remodelación con un importe estimado en unos cinco millones de euros, aunque aún no se sabe exactamente para qué se utilizará. Y también las hubo que quedaron abandonadas, con distinta fortuna; mientras la de Salé (ciudad vecina de Rabat) ofrece una triste vista, con los ventanales rotos y rodeada de matorrales, la de la ciudad de Youssoufia (región de Marrakech) se convirtió en un bonito mural de la mano del grafitero español Okuda San Miguel.

Seguir el rastro a los templos que se quedaron por el camino a lo largo de los años es una tarea ardua; su estatus legal siempre fue ambiguo, y Marruecos jamás abordó un plan a gran escala para desacralizarlos y darles nuevos usos, por lo que cada uno de ellos tiene su propia historia.

Según explicó a Efe el arzobispo de Rabat, Cristóbal López Romero, la Iglesia católica careció de personalidad jurídica en Marruecos desde la restauración del Estado marroquí hasta la visita del Papa Juan Pablo II en 1985, por lo que durante esos 29 años no pudo ser titular de ninguna propiedad privada. Esto obligó a los religiosos de la época a tirar de imaginación para poder registrar las iglesias a su nombre, y era común, por ejemplo, que grupos de cuatro o cinco párrocos crearan sociedades limitadas (una llamada 'Stella Maris' fue especialmente prominente, cuenta López Romero) para controlar a través de ellas el patrimonio material cristiano.

De hecho, la escritura de la catedral de Rabat continúa, a día de hoy, en manos del antiguo arzobispo Louis-Amédée Lefèvre, que falleció en 1968 y dejó la propiedad del templo en un limbo legal todavía por resolver.

Este panorama demuestra lo lejos que queda la importante presencia que el cristianismo tenía en el país a mediados del siglo XX; en su anuario clerical de 1957, la Archidiócesis de Rabat estimaba en 350. 000 el número de fieles católicos, y sólo en esta provincia eclesiástica (una de las dos de Marruecos, junto a la de Tánger) había 85 parroquias activas. .

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2018-7-5 08:43