Interceptados seis yihadistas españoles y una familia que intentaban retornar desde Siria

La descomposición, que no aniquilación, del pretendido califato de Daesh está planteando un desafío no menor al que representó su proclamación en 2014. Si entonces países de dentro y fuera de Europa emprendieron una carrera por impedir la salida desde sus fronteras de radicales decididos a viajar a Siria, el reto hoy es vigilar y controlar a los yihadistas que quieren abandonar ese territorio y regresar tras la derrota militar islamista y la pérdida en octubre de su capital, Raqqa, a manos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos.

La alerta es máxima, pero fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por ABC certifican que, desde esa fecha de la caída, «ningún retornado ha llegado a España».

La amenaza real que representan esos terroristas con instrucción militar es inmensa. Se calcula que hasta 40. 000 de ellos, los llamados «foreign fighters» (combatientes extranjeros) procedentes de 120 países se sumaron en cuatro años a las filas del Daesh, e informaciones clasificadas norteamericanas y occidentales aseguran que «miles» habrían escapado de suelo sirio. Aunque dentro, se calcula que más de 7. 000 seguirían peleando en los reductos que se han hecho resistentes en Deir Ez Zor, en el valle del Eufrates y centenares ya habrían perdido la vida.

De aquel ejército islamista, más de 5. 000 miembros procedían de Europa, si bien desde España las fuentes a las que ha tenido acceso este diario reiteran que en este tiempo solo alcanzaron la zona de conflicto «entre 230 y 240» españoles, -23 mujeres- en su mayoría de origen marroquí, nacionalizados o con permiso de residencia. Frente a los 47 de ellos que en noviembre se sabía que habían perdido la vida, ahora consta que la cifra se ha elevado y los neutralizados son «por encima de 70».

«Todo indica que están muertos o retenidos como prisioneros en el norte sirio o Irak por los kurdos o por el SDF (milicias kurdo árabes apoyadas por Washington) de modo que, como se dice en el lenguaje de las agencias británicas son personas «que ya no representan un problema»», indican. El régimen sirio de Bashar Al Asad dice no tener ningún detenido español, aunque puede que alguno lo sea y lo haya ocultado para no ser extraditado.

Intercambio de información

En cuanto a los demás, los datos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son que alrededor de un centenar de españoles seguiría combatiendo y unos sesenta confundidos entre la población desplazada en campos de refugiados.

El mayor riesgo, no obstante, lo representan los que pretenden volver a casa. Un preciso sistema internacional de intercambio de información, no solo en el ámbito de Inteligencia, sino también en el de las fuerzas de defensa y seguridad, se ha puesto en marcha para comunicar al país interesado de cualquier movimiento de sospechosos que pudiera afectarle. A través de ese mecanismo y recursos propios España ha interceptado en zonas de escape de Siria a «media docena confirmada de españoles y a una familia, que ya se encontraba en Turquía».

Entre los frenados en su camino de vuelta, la ceutí Asia Ahmed, viuda del decapitador del Daesh «Coquito de Castillejos» y Fátima Akil Laghmich, detenidas en diciembre en la frontera turca con sendos hijos cuando trataban de volver, en principio a nuestro país, o en todo caso «a Occidente».

Las fuentes consultadas por ABC recuerdan que es habitual que estas personas opten por regresar a países diferentes de los que partieron. La libertad de tránsito dentro del espacio Schengen facilita luego su desplazamiento secundario a otro sitio. A todos ellos «se les ha aplicado la legislación vigente, se les ha detenido y están en prisión, o en libertad si lo ha decidido el juez».

La referencia remite a la tipificación en el Código Penal desde su reforma de 2015 (art. 575) del delito de terrorismo que castiga con penas de dos a cinco años de cárcel el «desplazamiento o establecimiento en un territorio extranjero controlado por un grupo u organización terrorista» para recibir adiestramiento o colaborar con ellos.

El Sistema de Coordinación de Operaciones Antiterroristas, donde confluyen los datos de Policía, Guardia Civil o CNI, reflejaba tras la caída de Raqqa que en los años del «califato» 34 individuos que figuraban en la lista española de trasladados a Siria habían retornado, y que tras aplicárseles esta ley, 13 se encontraban en ese momento en prisión, la mitad en penitenciarias fuera de nuestras fronteras. Los otros 21 estaban en libertad, siete de ellos en otros países y 14 en España, aunque convenientemente vigilados –siempre por orden judicial– y con los límites que marca la ley.

Trasiego clandestino

El control en torno a Siria es intenso. No contribuyen sin embargo a la tranquilidad los testimonios sobre el terreno que describen un inquietante trasiego clandestino de yihadistas que ya han salido al exterior, muchos junto a sus esposas e hijos, sin ser vistos. Un tráfico clandestino de «foreign fighters», que estarían recurriendo a túneles –a 650 dólares por persona– agujeros o pasajes «seguros» en las vallas fronterizas con Turquía –a un precio de 30. 000 dólares, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos– para salir del país en conflicto ajenos a toda supervisión.

Uno de estos contrabandistas de personas, identificado como Abu Omar, aseguraba al New York Times a principios de este mes que los yihadistas huían despojados de sus barbas características, en pantalones vaqueros, algunos disfrazados de mujer y que él personalmente había ayudado a cruzar a suelo turco a 50 de ellos. Ninguno, añadía, «hablaba una palabra de árabe». Al respecto, las fuentes a las que ha tenido acceso este diario ratifican que las redes de facilitadores están infiltradas y la prueba es que en ellas es donde se ha «parado» a españoles que volvían de luchar con el Daesh. .

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2018-2-19 05:01

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