José Luis Garci: «Para mí el Cavia es el premio Pulitzer del periodismo, de la literatura en lengua española»

All my life, since I was a kid, I have a dream of this moment. Well, the dreams come true sometimes. And that's the thing. And now, in my own language. Estoy muy contento, por supuesto, y he elegido las mismas parecidas palabras que pronuncié en mi incomparable y prodigioso inglés cuando gané el Oscar por «Volver a empezar», que fue la primera película española en recibirlo.

Y más importante: la primera para nuestro idioma.

Con ello quiero ratificar que, para mí, el Premio Cavia es tan importante como el Oscar. Y mucho más que cualquiera otro que haya podido recibir a lo largo de mi vida. Mucho más que las cuatro nominaciones al Oscar, más que el Goya, más que el González-Ruano, más que la Medalla a las Bellas Artes. Incluso más que el honor que supuso para mí ser nombrado hijo adoptivo de Oviedo y de Gijón, una cosa insólita, sin antecedentes.

Para mí el Cavia es el premio Pulitzer del periodismo, de la literatura en lengua española. Es lo más. Por cierto, no sé si recuerdan ustedes que hay una composición extraordinaria de Cole Porter, «You're the top». Pues yo creo que había un momento de la composición que hacía homenaje a esa gran estrella de Broadway, la niña mimada Lauren Schieffer, en la que decía: «You are the smile of Funny Prize, you are the Cavia Prize». Estoy convencido.

Empecé a leer en ABC de muy niño, como Fernando Sánchez Dragó, Manolo Martín Ferrand. . . Y para mí al principio fue muy curioso. ABC fue un diario de la noche, que es cuando lo traía mi padre a casa después de trabajar para mi madre y para mí. Yo lo leía el primero porque ella prefería leerlo en la cama. Mi padre era un buen dibujante y un singular pintor cubista. Buero Vallejo le llamó «el último de los cubistas». Durante una época de su vida, que coincidió con mi infancia y mi adolescencia, trabajó en el Hotel Palace de Madrid. Para mí, el ABC olía a flores. Y no han podido quitarme eso nunca porque ahora, cuando bajo y compro el periódico por las mañanas y lo ojeo, tiene un aroma extraordinario, embriagador, a barbería, a flores, al olor de las manos de mi padre. ¡Qué diría de esto Sigmund Freud!

Para mí el ABC fue, como para mucha gente de mi generación, una Facultad de Letras. Creo que ha habido promociones que lo han sentido.

Pero antes que nada voy a hacer un paréntesis para explicar por qué voy vestido así. Yo quería unir este premio con el Oscar. Yo me disfracé de Humphrey Bogart para recoger el premio de la Academia. Bogart siempre me ha gustado mucho y es el símbolo perfecto del clasicismo de Hollywood. El cine enseña y la vida lastra. Pero los tiempos cambian mucho y lo que yo pensaba que iba a ser un homenaje a Bogart y a «Casablanca», hoy me veo y parece que he llegado de un casting de la serie «Narcos».

Como digo, yo tenía al ABC un cariño especial. El ABC siempre ha sido un periódico con muy buenas portadas. Y yo las seguía con atención. Algunas del fotógrafo Naranjo eran extraordinarias. Recuerdo el estanque del Retiro vacío y dos tipos del Ayuntamiento con cubos de agua salvando peces echándoles agua encima. Tenía portadas muy buenas, pero enseguida pasaba a los deportes: me parecían maravillosas las crónicas de Lorenzo Gómez Sancho. Después saltaba a los espectáculos, naturalmente. Entre medias, me entretenía con los chistes y poco después con las viñetas de Antonio Mingote, un grande de España.

Nunca me detuve en las informaciones políticas, financieras ni de Bolsa. Me gustaban las entrevistas. Me gustaban los reportajes. Y sobre todo algo que se ha perdido: los pies de foto. Me parece que el periodismo ahora ya no tiene nada que ver en eso. Pero me reservaba lo mejor para el final: esa excelencia literaria que ha tenido siempre este periódico. Esas fantásticas columnas y artículos de Julio Camba, González-Ruano, de gente como Agustín de Foxá, Eugenio Montes, Jose María Pemán, Azorín. . .

Lo de Azorín merece un párrafo aparte. Es el crítico de cine más adelantado que hay en Europa. Su modernidad. . . Era tan grande que podríamos decir que su modernidad la copiaron años después gente de «Cahiers du Cinéma»: Truffaut, Godard, Bazin. . . Se sentía cautivado por la fisicidad de los personajes, le maravillaba cómo caminaba Gary Cooper, que es la esencia de «Solo ante el peligro». O la sabiduría con la que las actrices de Hollywood vestían una falda, una blusa, un broche y prolongaban el personaje de una forma extraordinaria.

Como digo, todo aquel ABC fue para mí increíble. Y la herencia ha seguido, porque la vida es como una cadena que no se para nunca. Llegaron Jaime Campmany, Cela, Pedro Rodríguez. . . Hasta hoy. Hasta ahora mismo. Y ahí está Gistau, muy fino estilista. Pero qué decir de los Ventosos y de las Belmontes. Y qué decir de Hermann Tertsch. Y qué decir de. . . ¡Son tantos! Mi amigo Oti Rodríguez Marchante, que ha heredado de Azorín esa manera de escribir llena de amor y sentido del humor. Y Colmenarejo. Tanta variedad. Y Pedro García Cuartango, todo un lujo tener a un tipo que es como un Marcel Proust de Miranda del Ebro. Y, cómo no, Ignacio Camacho.

Con el tiempo yo también pude escribir aquí. Pero tengo una asignatura pendiente con el ABC, que no he aprobado por mi culpa. Yo aspiro a ser corresponsal de ABC en El Retiro. Ese parque ruso, chejoviano, que visito cada día. Pero creo que además ser reportero allí tiene que ver con ser un corresponsal de paz. Hay muchos corresponsales de guerra, pero muy pocos corresponsales de paz.

Y bueno, veo que he tenido muchísima suerte. Mis méritos no alcanzan para todo lo que he tenido. La suerte es fundamental en la vida. Tener buena suerte es mejor que tener talento. Mejor que ese deseo inesperado o esa mirada fugaz. Es mejor que nada. Estoy contento porque hoy está aquí la Reina de mi país en esta noche de Reyes. Quiero dar las gracias al jurado por estar aquí, acompañado de Cristián y de Andrés. Quiero compartirlo también con mi familia, con mi mujer, con mis hijas, con mis amigos, que no son pocos, y que ya forman parte de mi familia.

La felicidad, me comentaron una vez, es cuando te encuentras en una especie de corriente mágica, envuelto en ella con la temperatura del placer, como si alguien se hubiera dejado abierta una de las puertas del Paraíso. Y alguien se da cuenta y la cierra. Yo he sentido eso 6 ó 7 veces en mi vida. Esta noche es una de ellas. .

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2017-10-27 01:50

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