Las cigarras, los animales protegidos por los números primos

Cada diecisiete años los residentes del nordeste de Estados Unidos sufren los efectos devastadores de un tipo de cigarra -la Magicicada septendecium-. Durante unas semanas enjambres de estas cigarras –hasta medio millón por cada hectárea de tierra- se pasan el día apareándose y cantado antes de morir y cubrir la tierra con sus crujientes exoesqueletos.

Los habitantes de West Virginia, Maryland, New York, Ohio y Pennsylvania ya están acostumbrados a esta excentricidad de la naturaleza. Esta cigarra ha confiado su supervivencia a un número primo, concretamente al número diecisiete.

Como nos enseñaron en nuestros primeros años de vida académica, los números primos se definen como los números naturales mayores que la unidad y divisibles únicamente por sí mismos y por la unidad. En este listado tan selecto nos encontramos con 1, 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17…

La Magicicada septendecium tiene el ciclo vital más largo de todos los insectos. A diferencia de lo que sucede con las mariposas, tienen una incompleta metamorfosis, ya que las ninfas pasan directamente de ninfas al estado de adulto, sin pasar por el de crisálidas.

Cuando las cigarras emergen de la tierra

Después de diecisiete años de espera, las cigarras emergen de la tierra en un gran número invadiendo los parajes y después de unas pocas semanas de apareamiento y puesta de huevos vuelven a desaparecer.

Una cigarra muda después de salir de tierra

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Pierre Guilhaumon

La Magicicada tredecim tiene un ciclo un poco más corto, pero también basado en un número primo, en esta ocasión el trece. No son las únicas, los zoólogos han descubierto catorce especies de cigarras periódicas en los Estados Unidos.

La ventaja de «saber» matemáticas

Tener un ciclo biológico basado en un número primo no es caprichoso y concede, sin duda, una ventaja biológica para la preservación de la especie. Esta capacidad de temporización hace que el insecto sea más esquivo a los parásitos depredadores y le ayuda a evitar la extinción.

Supongamos que el depredador de la cigarra tiene un ciclo vital de dos años y el de la cigarra fuese divisible por dos, ambos animales coincidirían regularmente. Igualmente, le pasaría si fuese múltiplo de tres o de cinco. La mejor forma para evitar encuentros desagradables es tener un ciclo vital relacionado con un número primo.

Admitamos que su depredador tiene un ciclo de dos años, sólo se encontrarán cada treinta y cuatro años, y si lo tuviera de ocho años, lo harían cada ciento treinta seis años. Por otra parte, ningún depredador sería capaz de poder devorar tantas cigarras, a pesar de darse un verdadero festín siempre quedarían supervivientes.

Conciertos estridentes

Las cigarras emiten sus sonidos mediante pequeños chasquidos que consiguen al doblar unas membranas –denominadas timbales- ubicadas en el abdomen. Utilizan su cuerpo como si fuese una guitarra para amplificar las vibraciones.

Son unos animales muy ruidosos, y de hecho algunas especies pueden llegar a alcanzar los 120 decibelios, el sonido que produce el claxon de un coche o el de un concierto de rock.

Se cuenta que en 1970 Bob Dylan (1941-) acudió a la Universidad de Princeton para recoger un doctorado honorífico. En los alrededores del campus hay un bosque que en aquel momento estaba invadido por una plaga de cigarras. Uno de sus escandalosos conciertos amatorios le inspiraron la canción «Day of the Locusts» (el día de las langostas).

M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación

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2018-7-1 04:43