El legado psiquiátrico de Sabina Spielrein, saboteado por los comunistas y plagiado por Freud

La muerte es la única batalla perdida para este honorable movimiento de la reivindicación femenina. Las grandes contribuciones de las mujeres a la humanidad casi siempre vienen acompañadas de peregrinaciones hacia el calvario.

Heroínas que han experimentado la crucifixión social para poder salvarnos de la ceguera, esa que empañó a la Historia; haciendo creer que habían nacido de la costilla del hombre para vivir a su sombra.

Sabina Spielrein fue una de ellas, de esas mártires que no fueron santificadas y que vagamente se las recuerda. A esta señora se le asocia con el escándalo amoroso con su terapeuta Carl Gustav Gung , quien la atendería durante su grave crisis emocional en la famosa clínica de Burghölzi. Aunque Jung era un hombre casado y había violado el código deontológico, la balanza se inclinó negativamente hacia Sabina. Sin embargo una vez que los médicos le dieron el alta, se matriculó en la Universidad de Zurich para iniciarse en la psiquiatría; donde destacaría por sus brillantes tesinas, que el mismo Sigmundo Freud plagiaría.

Sabina Spielrein destacó por su brillante aportación a la psiquiatría; siendo algunas teorías suyas plagiadas por el célebre psicoanalista Sigmund Freud

Su trágico destino comenzó en noviembre de 1885 en la ciudad de Rostov del Don, durante la

Rusia zarista

. Desde ese primer día que vio la luz, su vida estuvo marcada por la violencia; primero por el maltratador de su padre, luego por el régimen comunista y posteriormente por el nazismo; cuando fue asesinada junto a sus dos hijas por ser judías.

Sin embargo su condición de víctima no la paralizaría. Los traumas de su niñez se convertirían en sus herramientas de trabajo para sus futuras investigaciones como psiquiatra. Los niños que habían sufrido violencia doméstica pasaron a ser su prioridad; fundando un centro «White Nursery» que posteriormente clausurarían los soviéticos.

Por si fuera poco, gran parte del trabajo de Sabina Spielrein fue plagiado con descaro por Sigmund Freud. Ella mantenía correspondencia con el psiquiatra vienés para discutir sobre sus descubrimientos. Lo cierto es que el célebre psicoanalista no hubiera pasado a la Historia sin haber difuminado la verdadera autoría de sus aportaciones a la psicología.

Amores que matan

El periodista e historiador Karsten Alnaes documenta en su obra

«La veradera historia de Sabina Spielrein»

(Siruela 2004) el infierno al que estuvo sometida desde niña. Durante su investigación encontró unos archivos de la clínica, en el que documentaban las brutales golpizas que le propinaba el padre a Sabina y a sus hermanos. Por lo que los estudios psiquiátricos concluían que el maltrato había derivado en el carácter asustadizo de los chicos; y en ella se desataría, a la corta edad de cuatro años, un desarrollo sexual precoz y sadomasoquista. Tras un episodio violento, Sabina tenía la necesidad urgente de masturbarse.

Clínica Burghölzi

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ABC

Después de varios intentos de suicidio y escaparse varias veces de su casa, la familia decidió internarla en un hospital psiquiátrico en Suiza. Allí sería sometida a tratamientos agresivos, que no mejorarían su estabilidad emocional. Seguía siendo agresiva o quizás más. Muy alarmados la trasladaron en 1904 a otro centro, siendo el más prestigioso del momento, la clínica Burghölzi en Zurich.

Allí permanecería hospitalizada durante un año. Y aunque al comienzo la paciente parecía no colaborar con los psiquiatras -pues rechazaba la ayuda médica-, todo cambiaría tras conocer a su nuevo terapeuta.

La locura que engrandeció a una mujer

Carl Gustav Jung llevaría el caso de Sabina Spielrein. El pupilo de Freud consideraba que ella era la paciente adecuada para probar su nueva terapia. Para ello comenzó prohibiéndole a la familia acercarse a ella, no podían visitarla; había llegado a la conclusión de que Sabina recaía sufriendo graves crisis de ansiedad después de estar en contacto con ellos.

Sabina derrumbaría los muros de su trágica experiencia de vida para matricularse en Medicina. Utilizaría su sufrimiento para impulsar el desarrollo de la psiquiatría

Durante todo el tratamiento, Jung se encargó de que Sabina estuviera dignamente atendida; pero poco a poco iría naciendo una peligrosa relación para ambos. Él era un hombre casado y ella estaba en rehabilitación emocional. Sin embargo, el vínculo se convirtió en una codependencia que ella no podía controlar; y claro, él tampoco se negaría a dejarla. Pronto el secreto a voces se convirtió en un escándalo, que lo haría renunciar a su trabajo en Burghölzi.

A pesar de los traumas y su estancia en el hospital, decidió matricularse en la Universidad de Zurich para formarse como psiquiatra. La extraordinaria capacidad de Sabina y la voluntad de ayudar derrumbarían los muros de su trágica experiencia de vida durante la infancia y su juventud; pues de cierta manera, su locura la engrandeció.

La ingratitud de Jung y el plagio de Freud

Jung mantenía correspondencia con Sigmund Freud para pedirle opinión respecto al trastorno de Spielrein. Siendo así, el caso de Sabina estuvo de cierta manera tutelado por el psicoanalista vienés. Y para el momento en que el romance se hizo público, Freud recriminaría a Sabina por su comportamiento. «Reprime tus impulsos», le había escrito a la paciente.

Stanley Hall, Sigmund Freud y Carl Jung

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Sabina se graduaría en psiquiatría en 1911 tras presentar su tesis «El contenido psicológico de un caso de esquizofrenia»; en donde se haría mención por primera vez del término «esquizofrenia».

Tras el romance y más de seis años colaborando juntos en investigaciones, Jung finalizó su relación con Sabina; asegurando que ella lo había estado presionando para que la dejase embarazada.

Sabina se enfocaría en la salud mental de los niños, pensaba que al igual que ella, podían evitar ser víctimas de comportamientos autodestructivos, solo si recibían asistencia psiquiátrica temprana.

Con el corazón en un puño se traslada a Viena para conocer personalmente a Freud; quien la invitaría a trabajar con él. De la mano del psiquiatra ingresa en la Asociación Psicoanalítica Vienesa, y a finales de 1911 publica «La destrucción como causa del nacimiento». Desgraciadamente, el mérito de Sabina se lo llevaría su padrino cuando redactó la teoría de la «pulsión de muerte».

Pero Spielrein no se detendría en Viena, pues las grandes universidades europeas la recibirían con los brazos abiertos. Durante ese tiempo Sabina se enfocaría en la salud mental de los niños, pensaba que al igual que ella, los más jóvenes podían evitar ser víctimas de comportamientos autodestructivos si recibían asistencia psiquiátrica temprana.

La represión

Después de muchos años fuera de su país natal decide regresar a Rusia, en donde conocerá al médico Paul Scheftel y con quien tiene dos hijas Renata y Eva.

Stalin - ABC

En Moscú fundará junto a otra prestigiosa psicoanalista Vera Shmidt un centro para niños llamado «White Nursery»; en donde se buscaba dar terapia a los niños con trastornos psíquicos y fomentar su desarrollo a través de la libertad. Según varias fuentes, el mismo Stalin envió a su hijo allí, aunque con un nombre falso. No obstante, el gobierno comunista mandó clausurar el sanatorio acusándolas de «perversión sexual».

La calumnia solo era otro de los métodos de los autoritarismos. Se buscaba aniquilar cualquier manifestación de pensamiento contraria que pudiera desequilibrar el régimen. La Rusia zarista había pasado a convertirse en la Unión Soviética, y los intelectuales suponían un obstáculo para la manipulación de las masas.

El periodista Carlos Semprún Maura escribió un artículo

«Una historia ejemplar»

para ABC en 1995 que decía: «A partir de 1928, la Dirección del Partido prohibe rotundamente todo lo que tenga que ver con el psicoanálisis, Institutos, revistas, todo. Si Freud estaba prohibido en la Alemania nazi, por ser judío, en la Rusia soviética lo fue por ser. . . reaccionario».

De esta manera, en 1936 durante el régimen de Stalin, iniciaría una represión en la investigación, por considerarse «ideológicamente incorrecta». Siendo así, Sabina regresaría a Rostov del Don a ejercer como médico en las escuelas.

Pero a principios de la Segunda Guerra Mundial, en 1941 los nazis toman la ciudad de Rostov. Sin embargo, Sabina tenía un gran concepto de aquella Alemania cultural -por toda su estancia como estudiante y médico en el país germano-, y por ellos les creyó incapaces de perpetrar un holocausto. Ingenuamente decidió no abandonar su hogar y esperar que vinieran tiempos de paz, un momento que jamás llegaría a ver.

En 1942 los nazis arrastraron por las calles de Rostov a todos los judíos que encontraron, y entre ellos estaban Sabina y sus dos hijas. Los obligaron a situarse frente a una sinagoga para abrir fuego contra los inocentes. Nadie sobrevivió. .

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2018-7-9 02:43