Los Mossos revisan las cámaras para comprobar si el asesino de Vilanova premeditó el crimen

El presunto asesino de la niña de 13 años de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) ya está entre rejas. Después de declarar el jueves hasta pasada la madrugada, la juez ordenó su entrada en prisión por supuestamente haber acabado con la vida de Laia, cuyo cadáver fue encontrado debajo de un colchón en el piso del supuesto homicida.

Se le imputa un delito de asesinato u homicidio y otro de agresión sexual. Tras el interrogatorio, los Mossos d’Esquadra condujeron a este cocinero de 42 años hasta la cárcel de Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona). Allí, los responsables del centro penitenciario concluyeron que lo más conveniente era que ingresase en la unidad psiquiátrica de la misma prisión.

En su declaración ante la juez, en la que solo aceptó preguntas de su abogado, Àlex Zaragüeta, el supuesto homicida dijo no acordarse de nada de lo que había sucedido la tarde de ese lunes. Explicó que estaba drogado y se había emborrachado. «Mi cabeza solo recuerda encontrarla muerta», aseguró en el interrogatorio, según explicaron a ABC fuentes presentes en la declaración. Alegó que después de recorrer varios bares llegó a casa, se metió en la ducha y luego en la habitación se encontró con el cadáver de la niña. Juan Francisco L. no admitió explícitamente haber cometido el crimen pero sí exclamó ante la juez: «Yo no sé si soy un monstruo». En otro momento de la declaración, mientras escuchaba las preguntas de su abogado, también exclamó: «¡Que me matan o me entreguen a la familia!».

Borracho y drogado

La defensa del supuesto homicida, con la intención de conseguir atenuantes en caso de condena, intenta demostrar que Juan Francisco L. estaba completamente drogado y borracho cuando supuestamente la mató. Por esta razón también, con el supuesto homicida ya encarcelado, la unidad de investigación de los Mossos volvió ayer al bloque de pisos de la avenida Cubelles de la localidad, donde se cometió el crimen, para recoger las imágenes de las cámaras de seguridad de los alrededores, según explicaron a ABC fuentes de la investigación. Estas grabaciones, en caso de existir, podrían dar pistas sobre el estado en el que se encontraba el acusado momentos antes de pertrechar el crimen y, además, sacar conclusiones sobre si lo había premeditado con seguimientos de la pequeña y y controlando sus rutinas durante los últimos días.

Una toalla y dos prendas

Los agentes no se limitaron solo a recoger las imágenes de las cámaras sino que volvieron también al piso donde vivía el acusado para hacerse con más pruebas. Los mossos hicieron esta nueva entrada, a petición del fiscal, para recoger una toalla manchada que había en la vivienda, además de un polo y un pantalón corto que pertenecen al acusado.

Los hechos sucedieron el lunes por la tarde en un breve espacio de tiempo. Laia, como hacía habitualmente, después del colegio se fue a casa de sus abuelos. Luego, su padre fue a recogerla y la esperó en el coche, pero la menor nunca llegó. El presunto asesino la raptó en el mismo bloque, entre la segunda planta -onde residen los abuelos de la menor- y la primera planta, adonde se había mudado Juan Francisco L. hacía poco a vivir con sus padres, pues su madre estaba gravemente enferma.

Solo pasaron tres horas entre que Laia desaparició y que los tíos de la menor irrumpieron el piso del sospechoso -después de haber llamado a su puerta se expresase de manera incongruente-, hallando el cadáver de su sobrina en una de las habitaciones debajo de un colchón. Juan Francisco L. , sorprendentemente, les había abierto la puerta y los había recibido con una toalla, como si se acabara de duchar. Los investigadores creen que, después de matar a Laia, el supuesto asesino se afanó en borrar las huellas del crimen. .

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2018-6-9 05:07