Los 24 segundos de posesión

A mediados de los años 50 del siglo pasado el baloncesto americano incorporó las posesiones de 24 segundos. La FIBA fijó para el resto del mundo, en cambio, un límite de 30. Seis segundos pueden parecer poca cosa, pero esa diferencia representó durante décadas dos maneras distintas de entender un mismo deporte.

Las reglas importan. Y mucho. Porque condicionan la forma de jugar. Y orientan el juego en una determinada dirección. Por eso es tan importante en los sistemas democráticos el modelo electoral que se implante. Porque de ello dependen cuestiones tan trascendentales como la estabilidad de un país.

Lo que resulta sumamente irresponsable es plantear reformas electorales pensando en el beneficio particular que se puede sacar sin pararse a reflexionar sobre las consecuencias que tendría esa eventual modificación para el conjunto del sistema. Que una reforma electoral es necesaria es evidente. La clave está en qué reforma electoral sería conveniente para el país. Echar un vistazo al mapa municipal gallego puede dar alguna pista. Se encuentran casos en los que grupos con menos del 20 por ciento de respaldo en unas elecciones se han hecho con el bastón de mando o condicionan la gobernabilidad de un ayuntamiento. O lo que es peor, bloquean esa gobernabilidad. Así se explica que este 2018 hubiese arrancado con casi tres de cada cuatro concellos de la comunidad con los presupuestos prorrogados. Hay municipios en los que ni siquiera se han aprobado unas cuentas nuevas en lo que va de mandato.

Lo que urgen no son propuestas cortoplacistas para reformar la ley electoral en función del número de escaños que una determinada formación política pueda sumar con el cambio. Lo que resulta perentorio es abordar una reforma que facilite la gobernabilidad efectiva de las instituciones. Que los cargos electos puedan ejercer su función sin someterse al chantaje de las minorías. Esa problemática podría resolverse optando por modelos distintos al actual. El sistema mayoritario sería probablemente el óptimo y supondría un cambio muy profundo en la cultura política de este país. Distrito uninominal, circunscripción de tamaño relativamente reducido y elección por mayoría simple. El modelo inglés, como defendió el presidente Fraga. Las ventajas son obvias. Al favorecer la concentración de voto se facilita la gobernabilidad y se minimiza el impacto de las corrientes más extremistas. Y, a la vez, al preservar el vínculo directo entre representante y representado se evita el riesgo de deriva del sistema hacia una partitocracia.

Incluso, si por la complejidad que implica una reforma de este calado o por algún tipo de extraño complejo se siguiese optando por primar el criterio de proporcionalidad, podría modularse al menos con la introducción de elementos correctores como la segunda vuelta o algún tipo de prima a la fuerza más votada como han hecho países de nuestro entorno. No es más o menos democrático un modelo que otro. La decisión recae en cualquier caso en los ciudadanos. Lo que está en juego es si se favorece la estabilidad del sistema y la gobernabilidad o se prima a toda costa la proporcionalidad en la representación. O lo que es lo mismo, decidir hasta dónde se está dispuesto a permitir que una minoría, en el ámbito local gallego o en las esferas autonómica o nacional, pueda chantajear a la mayoría o incluso bloquear la gobernabilidad.

Ningún cambio de reglas resulta inocuo. Cuando el baloncesto europeo acortó sus posesiones hace unos años la dinámica de los partidos se aceleró y ello transformó notablemente el desarrollo del juego y condicionó las tácticas de los equipos. La reforma electoral puede servir igualmente para limitar la inestabilidad, el desgobierno y la parálisis en muchos ayuntamientos gallegos y en el resto de las instituciones del país. .

abc.es »

Tags: #gobernabilidad #reforma #electoral #sistema #cambio #país #esa

2018-2-10 21:43