Mochila austriaca, la reforma que siempre se queda colgada

Comienza un nuevo curso político y la mochila austriaca vuelve a colarse en el debate económico. Muy traída y llevada en los últimos años por distintas formaciones, la propuesta nunca acaba de definirse, pero Ciudadanos ya ha asegurado que una de sus prioridades en los próximos meses es impulsar un paquete de medidas dirigidas a reformar el mercado laboral, entre las que se incluye un «embrión» de este sistema, una suerte de fondo de capitalización en el que los empresarios hacen aportaciones mensuales a los empleados (en Austria un 1,53% del salario).

Esa «hucha» acompaña al trabajador durante toda su vida laboral. La cantidad acumulada se mantiene aunque el empleado cambie de trabajo y puede ser utilizada en caso de despido. También puede ser usada como complemento a la pensión. Los fondos son gestionados por firmas privadas en busca de rentabilidad, pero el Estado garantiza el 100% del capital aportado, que además se puede heredar.

Algunos expertos reivindican las bondades de un mecanismo que debería fomentar la contratación y rebajar la temporalidad, pero sus detractores apuntan que eliminaría las trabas al despido, desincentivando la búsqueda de otras soluciones alternativas, y supondría un aumento de los costes laborales. Suene su música mejor o peor, en lo que parece haber consenso sobre el instrumento es en que difícilmente se puede aplicar al actual mercado laboral español si no llega ligado a otras reformas.

Roberto Pereira, presidente de Economistas Asesores Laborales del Consejo General de Economistas (EAL-CGE), cree que su implantación sería positiva, pero «no es la panacea», porque debería ir acompañada de más medidas para dinamizar el mercado laboral y apuntalar el sistema de pensiones. En todo caso, Pereira considera que el modelo ofrece varias ventajas. «Su aplicación facilitaría la movilidad laboral. Muchas veces, el mayor freno para cambiar de empleo de forma voluntaria son los derechos adquiridos que los trabajadores tienen en su puesto», explica. El sistema también «mejoría el poder adquisitivo del jubilado, en un momento en el que parece clara la tendencia a que las pensiones vayan a ser mucho más reducidas». Según el presidente de EAL-CGE, el fondo también evitaría «los desequilibrios financieros que a veces sufren las empresas en el momento en que tienen que asumir una regulación de empleo o cualquier problema relacionado con la plantilla. Con la mochila eso ya no se produciría, porque los derechos para las indemnizaciones se irían pagando mes a mes». De facto, defiende, sería el fin de la dualidad contractual «porque la disyuntiva entre contrato indefinido y temporal lógicamente está unida a la indemnización por el despido, y si la eliminamos vamos clarísimamente a un único contrato».

Difícil encaje

¿Pero cómo se puede introducir esta medida en España? Juan Pablo Maldonado, profesor titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, ve un acoplamiento complejo. Considera que «la importación de esta institución jurídica, tal y como opera en Austria, para empotrarla en nuestro sistema de relaciones laborales, con sus peculiaridades y condicionantes, sería un desastre». Maldonado subraya que «para empezar, habría que acomodar esa institución a la ordenación española del despido. Lo normal es que la formula austriaca se aplicara únicamente a los supuestos de despidos por causas objetivas; tal vez sólo a los despidos por causas económicas. Sería razonable que tanto la indemnización por despido improcedente como la indemnización por extinción del contrato por decisión del trabajador basada en incumplimiento del empresario siguiesen corriendo completamente a cargo del empresario», defiende este experto. La «mera importación sería traumática para la sociedad española», insiste, pero podría funcionar una adaptación a nuestra realidad. «Parece recomendable que, como estaba previsto en la reforma de 2010, la indemnización de despido por causas objetivas sea compartida entre el empresario y un fondo de capitalización. Exonerar al empresario de cualquier coste del despido —el despido libre— sería excesivo en el mundo laboral español. Por otro lado, en una sociedad como la española, que envejece a pasos de gigante, habría que ser muy cauteloso con facilitar despidos de trabajadores maduros. Habría que encontrar el modo de evitar prácticas discriminatorias en ese sentido», apunta.

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2017-9-4 06:22