Olof Palme: creen haber resuelto treinta años después el misterioso asesinato que aterrorizó a Suecia

El primer ministro Olof Palme era conocido como la «conciencia sueca» por su defensa a ultranza de los más desfavorecidos, su apoyo a la democracia española y su crítica a la Guerra de Vietnam. De hecho, llegó a solicitar que Europa se convirtiera en una zona desmilitarizada.

Sin embargo, el 28 de abril de 1986 un revólver anónimo puso fin a su vida mientras paseaba por la Avenida Sveavägen. Aquel magnicidio acongojó a todo el viejo continente. No en vano, diarias como ABC llevaron el triste suceso hasta sus primeras páginas bajo el siguiente titular: «Un hombre asesina a tiros a Olof Palme en una calle de Estocolmo».

Por si el asesinato no fuese lo suficientemente traumático, la sociedad europea jamás pudo ver al culpable entre rejas. De hecho, a día de hoy su nombre sigue siendo un verdadero misterio. En su momento, el «Komando Holger Meins» (el mismo que asaltó la embajada de Alemania en Estocolmo en 1975) se atribuyó la muerte. Sin embargo, pronto se demostró que aquellos terroristas habían alzado la voz por pura vanidad. Al final, fue imposible desvelar un enigma que, como ya adelantó el ABC en su edición del 1 de marzo de 1986, albergaba más oscuros que claros: «¿Atentado terrorista o la obra de un desequilibrado? Se mantienen las incógnitas».

Calle en la que se perpetró el asesinato

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¿Quién mató a Olof Palme? Hasta ahora, esta pregunta parecía imposible de responder. Sin embargo, las autoridades suecas creen haber hallado -más de tres décadas después- nuevos indicios sobre el posible autor del magnicidio. Así lo han desvelado varios medios internacionales como la cadena BBC, donde se ha hecho público que existen pruebas que podrían demostrar que el asesino fue Stig Engström, uno de los primeros testigos en llegar a la zona del crimen. Con todo, los agentes son cautos y afirman que ofrecerán más datos en «un futuro cercano», tal y como señalan varios medios locales.

Nuevas pruebas

Las nuevas pruebas que inculparían a Engström (quien se suicidó en el año 2000) han llegado hasta la policía de la mano de Thomas Pettersson. Un periodista que acaba de publicar una investigación en la revista «Filter» en la que desvela datos cruciales como que el presunto asesino había recibido entrenamiento con armas de fuego, pertenecía a un club de tiro militar y tenía acceso a un revólver similar a la que segó la vida de Palme (un Magnum americano).

Tal y como señala el autor en su dossier, el asaltante habría recibido la pistola de manos de un amigo que contaba con una gran colección de armas, sentía un gran amor por este tipo de pistolas y estaba bien relacionado en el ámbito militar.

La investigación de Pettersson podría corroborar una teoría que ya barajó la policía sueca en los años 90. Y es que, la exesposa de Engstrom ha confirmado que el presunto asesino fue interrogado hasta en dos ocasiones por las autoridades. Aunque tan cierto como esto es que, a día de hoy, la mujer ha señalado al diario «Expressen» que su exmarido no era una persona que pudiera asesinar a nadie porque «era demasiado cobarde» y «no dañaría jamás a una mosca».

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Según sus propias palabras, la única forma de que este sujeto apretara el gatillo de un revólver sería con el objetivo de «impresionar a alguien».

Con todo, y según analiza el periodista en su documentada investigación (que lleva más de 12 años preparando y que explicará pormenorizadamente en un libro), las pruebas parecen señalar sin dudas a Engstrom. Y es que, el «hombre de Skandia» (apodo que recibió por la empresa en la que trabajaba) abandonó temporalmente su puesto de trabajo dos horas antes de que se sucediera el tiroteo, y tuvo -según su jefe inmediato- un comportamiento extraño durante toda aquella jornada.

Cruel asesinato

Los pormenores del asesinato de Palme fueron narrados por el ABC en 1986. Así comenzaba este diario su explicación del magnicidio: «El atentado tuvo lugar el viernes, a las once y media de la noche, cuando el primer ministro sueco, acompañado de su mujer, Lisbeth, volvía del cine Grand».

Aquel triste día, el político (ministro de Educación hasta 1969 por el Partido Socialdemócrata), había visto la película «Hermanos de Mozart» junto a su hijo Marten, del que se había despedido poco antes.

Olof Palme

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«Olof Palme y su mujer, después de despedirse de su hijo, volvían tranquilamente a casa, paseando, desde el cine, situado en el centro de Estocolmo, a su domicilio del barrio antiguo. Palme iba sin escolta, como de costumbre, cuando al llegar a la esquina de Sveavagen con Tunnelgatan un hombre desconocido se acercó y, muy de cerca, disparó dos tiros. Uno de estos tiros hirió a Palme, que se tambaleó, y un segundo disparó lo tiró al suelo, hiriendo también de gravedad a su esposa», desvelaba el ABC.

El asaltante se dio a la fuga dejando al político sobre un charco de sangre. De nada sirvió que le trasladaran inmediatamente al hospital Sabbatsberg, pues falleció unos minutos después de llegar.

Misterio sin resolver

Perpetrado el magnicidio, la policía se puso manos a la obra para tratar de hallar al responsable. El primer paso fue interrogar a los testigos. De ellos obtuvieron una descripción algo ambigua del asesino. «Declararon que habían visto a un hombre moreno de entre treinta y cuarenta años acercarse por la espalda a la pareja que formaban el primer ministro y su mujer», señalaba ABC. A partir de entonces comenzó un caos de pistas inútiles que no sirvieron más que para desconcertar a los agentes.

El caso se enredó todavía más cuando, apenas una jornada después, un grupo terrorista (el «Komando Holger Meins») se atribuyó el asesinado de Palme. «El comando, que podría estar formado por terroristas alemanes, ha reivindicado en una llamada a la agencia Reuters el atentado. Pero la policía sueca, que realiza una gigantesca caza del hombre en todo el territorio, se muestra enormemente cauta», explicaba ABC.

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Ninguna pista llevó a nada. De hecho, dos personas que habían sido detenidas en las horas siguientes tuvieron que ser liberadas al poco debido a la escasez de pruebas contra ellas. Finalmente se condenó a prisión al drogadicto Christer Pettersson en 1988, pero su sentencia fue revocada unos meses después ante la falta de testimonios en su contra.

Más allá del misterio, la mayoría de los políticos de la época coincidieron en que, aquel 28 de abril, el (todavía) anónimo asesino nos arrebató a un hombre de paz.

Uno de los primeros en mostrar sus condolencia fue Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de las Naciones Unidas, quien dijo estar superado por la «tristeza y la emoción» tras el magnicidio. Ronald Reagan se unió a él: «He acogido con una enorme emoción esta trágica muerte. Olof Palme era uno de los más respetados dirigentes del mundo y el símbolo de las excelencias de la política sueca, a quien se recordará por su dedicación a los principios democráticos». Otro tanto hicieron Margaret Thatcher o (entre tantos otros) Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. .

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2018-5-24 13:43