Políticos presos, cómplices al quite

El golpe de Estado perpetrado en Cataluña se ha construido sobre un enorme cúmulo de mentiras. Embustes incrustados a conciencia en las mentes vírgenes de los niños y repetidos una y otra vez a través de la prensa apesebrada, unida en una misma voz a la televisión y radio autonómicas.

Falsedades apiladas a lo largo de los años, hasta formar un sustrato muy difícil de limpiar, cuya guinda se manifiesta ahora en la madre de todas las falacias: ese insulto a la inteligencia consistente en tildar de «presos políticos» a Junqueras, los «Jordis» y demás políticos presos por orden de la juez Lamela.

No resulta sorprendente. Quien es capaz de inventarse una historia propia a costa de tergiversar burdamente la de España es capaz de cualquier cosa. Quien tiene el cuajo de prometer, contra todo análisis solvente, toda previsión y toda lógica, que la economía catalana saldría incólume de un trance como la proclamación unilateral de una república soberana, no tiene empacho en saltar todas las barreras de la decencia. Quien no duda en alentar semejante proyecto suicida, a costa de dinamitar la convivencia de los ciudadanos y enfrentarlos entre sí hasta el punto de quebrar familias y amistades, no retrocede ante nada. Quien se atreve a pronosticar un respaldo internacional masivo a sus propios delirios soberanistas carece de contención, de vergüenza o de cordura. ¿Qué no dirán para tratar de eludir las gravísimas consecuencias de sus actos delictivos? Lo extraño no es que ellos, los sediciosos, se aferren a esa patraña en un intento desesperado de movilizar a su tropa y presionar a los jueces. Lo raro es que aún quede gente dispuesta a tragarse sus ruedas de molino, por muy adoctrinada que esté. Y lo grave, lo miserable, lo profundamente ruín es que haya opinadores dispuestos a dar pábulo a esa basura, medios de comunicación cómplices de esa estrategia repugnante y líderes de formaciones que se dicen españolas encantados de utilizar esa munición tóxica en su afán de derribar al PP.

El papelón de Colau, Iglesias y demás voces podemitas en este sarcasmo de los «presos políticos» ya les está pasando factura en las encuestas y ha de costarles caro en las elecciones. ¡Al tiempo! Porque no todo vale en la batalla contra el adversario. No todas las armas son lícitas. No es tolerable socavar uno de los fundamentos del Estado de Derecho, la separación de poderes, con el único empeño de dañar al gobierno legítimo. No es de recibo cuestionar la decisión impecablemente sujeta a derecho de una magistrada de la Audiencia Nacional, de reputación intachable, para golpear a Mariano Rajoy. Es simple y llanamente inaceptable.

Iglesias sabe que el cobarde Puigdemont y sus acólitos encarcelados han infringido varios artículos del Código Penal vigente. Sabe que la rebelión, la sedición, la malversación o la prevaricación son conductas penadas en la mayoría de las democracias occidentales. Sabe, al igual que Colau, Fachín o el omnipresente Echenique, tertuliano de guardia en todas las televisiones, que en España no hay presos políticos. Si los hubiera, cualquiera de ellos acumularía méritos sobrados para encabezar la lista. Pero desde hace cuarenta años esa figura no existe, merced al régimen de libertades del que disfrutamos. Cuando afirman lo contrario, cuando hacen el juego a los golpistas asegurando que son sus ideas las que les han llevado a prisión, no hacen sino demostrar su desprecio por la democracia. Ya alardeó de ello el «conducator» coletudo: «El cielo no se toma por consenso sino por asalto». Solo cabe esperar que las urnas les hagan cosechar lo sembrado. .

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2017-11-6 08:23