Portugal cambia las sardinas por los chicharros

La prohibición de la pesca de sardina por parte de Bruselas tiene una consecuencia inmediata en Portugal: arranca este fin de semana la primera verbena sin el característico olor de este pescado en las calles de la Mouraria y la Alfama, los dos barrios más típicos de Lisboa.

Cada año, cuando llega el mes de junio, subir las cuestas que se inician en la Rua dos Cavaleiros los viernes, sábados y domingos implica sumergirse en un maremágnum de jolgorio popular donde la música verbenera se alía con las casetas de los bares y restaurantes. Y ahí es donde entran en juego las sardinas, convertidas en una de las señas de identidad de estas fiestas.

Sin embargo, la tradición se ha visto obligada a cambiar con el objetivo de preservar esa especie. ¿Su sustituto? El chicharro, introducido a bombo y platillo como gancho para difundir la idea de que estamos ante la primera verbena sostenible, pues coincide con la celebración del Día Mundial de los Océanos este viernes 8 de junio.

La Asociación Renovar la Mouraria ha trazado una estrategia en colaboración con la Plataforma PONG-Pesca, que integra a varias organizaciones ecologistas, para calmar el desconcierto de la población de esas zonas y concienciar a la gente de que es la mejor solución.

Así, han lanzado un significativo lema: «Coma chicharro en vez de sardina». Una búsqueda de alternativas que se propone frenar el fuerte descenso de las reservas de sardinas en la península ibérica: de 106. 000 toneladas en 2006 a solo 22. 000 en 2016.

Los biólogos que asesoran a los convocantes se afanan en transmitir que el chicharro acumula unas propiedades nutritivas análogas y no es una especie tan amenazada. Además, proclaman: «Resulta saludable diversificar el pescado que consumimos».

Se han sumado a la iniciativa otros colectivos, como la Organización de Pesca con Red, Sesibal, Makro Portugal y Docapesca.

Medidas drásticas

Las alarmas acerca de la sardina comenzaron a saltar el pasado mes de octubre, después de que el Consejo Internacional para la Exploración de los Mares (ICES, por sus siglas en inglés) emitiera un contundente informe en el que solicitaba la interrupción total de su captura de aquí a 15 años.

El Gobierno socialista portugués reaccionó a contrapié: «Paralizar totalmente la captura de la sardina es un escenario que no contemplamos, resulta impensable». Una actitud intransigente que fue suavizando a lo largo de los meses.

Lo cierto es que las asociaciones de pescadores se mostraron sorprendidas por la drástica recomendación del ICES, constituido por expertos en temas marinos de Canadá, Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Francia, Suecia, Dinamarca, Estonia, Bélgica, Irlanda, Islandia, Lituania, Holanda, Noruega, Polonia, España y Portugal.

El sector consideraba un verdadero «tirón de orejas» el texto del Consejo Internacional para la Exploración de los Mares y el Ejecutivo luso no tuvo más remedio que revisar a la baja las capturas que se realicen a partir de 2018.

Eso sí, el secretario de Estado de Pesca, José Apolinário, se permitió hablar de «un excesivo alarmismo» por parte del ICES, al tiempo que garantizaba que Portugal va a continuar con «una política moderada» en este ámbito, «sin dejar de tener en cuenta en ningún momento los criterios internacionales de ese organismo».

Reacción internacional

El Consejo Internacional no hacía más que seguir las directrices que ya aparecían en el Plan a Largo Plazo para la Sardina Ibérica, rubricado en 2016 y que hacía hincapié en las «medidas preventivas» al objeto de mantener la población de sardinas en unos «niveles aceptables».

Sin embargo, el organismo decidió con posterioridad «endurecer su postura», en vista de que «el stock actual está muy por debajo del límite de la biomasa», de acuerdo con el dictamen oficial emitido entonces.

Las atribuciones del ICES concluyeron con el revelador informe, y Bruselas no dudó en tomar la palabra y barajar si trasladaba esas recomendaciones a una normativa de aplicación obligatoria para los miembros de la Unión Europea.

Los diferentes «lobbys» internacionales del sector no tardaron en mostrar sus cartas, pero de igual forma intervinieron los pescadores, quienes no estaban dispuestos a quedarse atrás, conscientes de que estaba en juego parte de su sustento.

Así las cosas, resultó decisivo el papel del director general de Asuntos Marítimos y Pesca de la Comisión Europea, cargo ejercido curiosamente por un portugués, Joao Aguiar Machado.

La perspectiva se enmarca en los parámetros de que el número de capturas de 2018 tendrá como consecuencia directa el grado de la biomasa que se observará al año siguiente. .

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2018-6-8 04:43