Sobre Puy du Fou

Siempre he conocido que esta ciudad era peculiar y complicada. Aquellos que tuvimos la fortuna de nacer entre las viejas murallas hemos sufrido los avatares de una sociedad pacata, es decir, de carácter tranquilo y moderada en exceso, escrupulosa y que se suele escandalizar por nada -según la definición de la RAE-.

Aquí hay tres tipos de ciudadanos, los que yo llamo de la sociedad «centrípeta», temerosos de mover una sola piedra no vaya a ser que la sociedad se derrumbe y perdamos las esencias de un pasado rancio. Por otro lado empujan los de la sociedad «centrífuga» que desearían borrar de un plumazo ese pasado, derruir cimientos y construir una nueva sociedad sin mirar para atrás. Por último estamos los de en medio, los del montón, la sociedad «peatonal», los que queremos empujar hacia adelante, evolucionar, mejorar, pero sin perder de vista de dónde venimos y conservando lo que tenemos. Lamentablemente, casi siempre, los peatones se ven presos entre estas dos primeras, como en un remolino que nos impide avanzar. Conocidos son los debates eternos que se producen en la ciudad. Yo creo que nací ya preocupado por el tráfico, los turistas, los hospitales, la limpieza, etc. , etc. Y aquí seguimos, debatiendo. . .

Últimamente estamos asistiendo al no siempre agradable espectáculo del choque entre estas dos fuerzas a cuenta del ya conocido parque Puy du Fou. La sociedad centrípeta está tan preocupada por los supuestos intereses obscuros de los promotores que ha hecho pandilla y quieren saber «la verdad sobre Puy du Fou». Mientras, en la otra parte, los que ven oportunidad y ventajas en este advenimiento empresarial. Y en esas estamos, los «centrípetos» buscando al gato para contarle los pies y los demás esperando que se desenrolle la madeja y podamos asistir a la inauguración, en vida a ser posible. Y como esto corre prisa, yo propongo un sistema que aligere el proceso. A saber: Que se recupere la Posada de la Hermandad, que se le devuelva su medieval uso y que se confine allí al responsable del Parque, que se le someta a tormento para que confiese la verdad de sus aviesas intenciones. Puede que entonces sepamos que los verdaderos fines son otros y que lo que pretenden es sustituir a Agustina de Aragón por Juana de Arco, que las barras de pan pasen a llamarse «baguettes» (esto ya ha empezado), que el poema de mío Cid desaparezca del itinerario escolar y hablemos de la Chanson de Roland. Puede que al final nuestros escolares acaben incluso cantando la Marsellesa que para eso tiene letra. Si, ese debe ser el obscuro objetivo de Puy du Fou. Cuando confiese, que se le pongan sambenito y coroza y se le pasee en carro descubierto por agrupaciones vecinales, partidos, sindicatos y cofradías para que los «centrípetos» le lancen todo tipo de humores y salivazos. Una vez desahogado el pueblo que se le conduzca a los límites del término y se le expulse con la tarea de no volver jamás. En cuanto a la tierra que pretendían destruir, que se valle por tramos de a dos metros de altura, que no vuelvan a entrar pies humanos que perturben la vida de lagartos y saltamontes, que corran las carrascas y crezcan los cardos en libertad. Bueno, de vez en cuando habrá que entrar para perseguir a conejos y perdices por aquello de la superpoblación. Pero en este caso solo los «ttvs», (pronunciado «teteuves»-Toledanos de toda la vida) tendrían el paso franco. Seguramente nos enteraríamos después que Puy du Fou ha abierto en la Toscana o en Estonia o en Logroño y los «centrípetos» celebrarían fastos para festejar que otros incautos han caído en la trampa del progreso y la modernidad. Y en cuanto a mi triste y bendita Toledo habría vuelto a ser escarabajo pelotero, condenada a arrastrar con las patas traseras las bolas de lo que a otros les sobra, avanzando, retrocediendo o sin rumbo (nunca se sabe). Ya es conocido que, para algunos, mientras haya mierda que mover la felicidad es completa. En cuanto a mí, a mí me gustaría crear otra plataforma que se llame: «queremos saber la verdad sobre los que quieren saber la verdad sobre Puy du Fou». ¡Bendito sea Dios! ¡Qué ciudad!

Alfonso Silva es presidente de la Asociación de Hostelería de Castilla-La Mancha.

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2019-3-14 23:21