La terrorífica conversación de dos comensales sobre sus experiencias sobrenaturales

First dates «First Dates» llega al segundo día de la semana recibiendo a más y más solteros, nunca se acaban los solteros, siempre hay más solitarios, desengañados, desarraigados que creen en la divina labor de Carlos Sobera.

Las noches en las que ha abierto el restaurante del amor superan ya de largo las 650 y no parece que vaya a cerrar pronto sus puertas. En Cuatro se frotan las manos con la gallina de los huevos de oro que ha resultado el programa de citas, que anda recaudando en torno al 7,5% de la cuota de share todos los días.

El primero en llegar al restaurante del amor fue José, un malagueño de 30 años que se gana la vida como camarero, aunque es científico: «Como buen científico me gusta hacer cálculos de vez en cuando, una ecuación o algo de eso. . . Soy así de raro. También como científico puedo decir que creo que hay vida en otros planetas, porque venimos del carbono y ese elemento está por todas partes. . . ». Esa fue la peculiar presentación del andaluz.

Su pareja para cenar ante las cámaras iba a ser Beatriz, una mujer de 23 años que vivía en la otra punta del país, en Tarragona. «Yo soy muy supersticiosa: no paso por debajo de una escalera ni me pongo nada amarillo. . . Siempre llevo una piedra en mi corazón para que me proteja». A primera vista parecería que Beatriz y José no iban a pegar ni con cola: el carácter supersticioso y mágico de Beatriz frente al espíritu científico del malagueño. No obstante, la primera impresión fue buena en los dos sentidos, y pronto en la conversación quedó patente la armonía que existía entre ambos.

Tanta confianza surgió entre ambos que él se atrevió a confesarle su «secreto más intimo»: «Mi abuela era bruja: veía cosas que otros no podían ver, sentía cosas. . . Ahora lleva 17 años muerta pero en su casa, que es terrorífica, se escuchan ruidos raros: se oye el bastón de mi abuela, voces, sus muebles moviéndose. . . ». A Beatriz le cogieron por sorpresa sus palabras, y puso una cara que demostraba lo aterrada que estaba.

«Esas cosas me dan un poco de cosita», le avisó la catalana, «y la verdad es que yo también soy un poco bruja. La primera vez que vi algo fue con 13 años: fui al baño y, al abrir la puerta, vi a una niña sentada en la taza del váter. Cerré y cuando volví a abrir ya no estaba. Luego llegué a saber que era una niña que había muerto ese mismo día. Desde entonces he visto más cosas, pero no suelo contarlas porque la gente no se las cree».

Finalmente, y a la vista de su común interés por asuntos mágicos y esotéricos, se dieron una segunda oportunidad para seguir conociéndose. .

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2018-7-11 00:43