El trabajo previo sobre ETA, clave del éxito de los «susperólogos»

La clave del éxito de los «susperólogos», como se conocía a los investigadores de la Comisaría General de Información y de las brigadas provinciales de San Sebastián, Bilbao, Vitoria y Pamplona dedicados a analizarlos, hay que buscarla en el trabajo que todos ellos realizaron los años anteriores en multitud de operaciones y vigilancias sobre el terreno, a uno y a otro lado de la frontera y en condiciones muy difíciles.

Solo así se podía saber quién era el primo de determinado activista, o el oficio de un familiar, o el río que pasaba por el pueblo de alguno, que eran las llaves para conocer las identidades de unos y otros.

Las identidades de los colaboradores aparecían agrupadas en distintos epígrafes teniendo en cuenta como criterios el nombre del proponente que ha pasado los datos a los jefes militares afincados en Francia; la provincia o localidad de origen del individuo codificado y también la labor que presumiblemente podrían desempeñar dentro de la organización teniendo en cuenta su perfil, situación personal, laboral, económica o de otro tipo.

Sobre este último aspecto, en uno de los documentos intervenidos se recogían las siguientes categorías: «etxeak» (casas); «tenikoak» (especialidades técnicas); información o «pianistas»; «bombas», peligrosas por acarrear problemas de seguridad; «sin determinar», porque no se les había asignado aún labor y «beltza» (negro), categoría reservada a aquellos individuos que no habían aceptado la colaboración con la banda terrorista.

Gran parte de los integrantes de los comandos operativos desarticulados desde la intervención de los papeles de Susper ya figuraban en aquella documentación como miembros «legales», bien como captados o como captables y/o propuestos. De ahí la importancia de su desencriptación.

Comando Irunberri

Para muestra, un botón. El etarra David Cebrián Mayayo aparecía bajo el epígrafe de «infraestructura en Navarra» y efectivamente se demostró que lo hizo, ya que fue la persona que facilitó el piso franco a los miembros del comando Irunberri, desarticulado en Pamplona el 15 de julio de 2003. Garioitz Arruarte fue identificado asimismo como el etarra que estaba detrás del alias «Parkins». Se localizó también a un individuo relacionado con él, Gorka Loran, codificado a su vez en los papeles de Susper como captable. En 2003 formaron un comando legal cuya misión era perpetrar una campaña de atentados navideños. Fueron detenidos el 24 de diciembre tras colocar dos maletas-bomba en un tren que viajaba entre Hendaya y Madrid.

Hubo decenas de casos como estos. Las detenciones, y las informaciones que decían que los etarras aparecían en los «papeles de Susper», provocó un parón de la actividad terrorista. Nadie sabía si figuraba en ellos o no; y el círculo social inmediato de cada uno se sentía concernido.

Los «susperólogos» trabajaron miles de horas, sudaron la gota gorda, incluso literalmente, pues cuando en junio de 2002 comenzó el análisis se estropeó el aire acondicionado del edificio policial. . . Tuvieron éxito y ahorraron a España mucha sangre y dolor. .

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2018-6-10 05:19