La víctima de «La Manada»: «Me vi rodeada por ellos y noté que me quitaban la riñonera, el sujetador y el jersey»

«Les denuncié porque habían cometido un delito, porque hicieron algo que yo no quería hacer». Así de tajante se mostró la joven madrileña, presunta víctima de «La Manada» durante la declaración que prestó ante el tribunal que juzgó a los sevillanos y que ha publicado el Diario de Noticias de Navarra.

De hecho, en su declaración reiteró que no dio consentimiento a las prácticas sexuales a las que fue sometida en el portal del número 5 de la calle Paulino Caballero de Pamplona. «No lo consentí», respondió la joven a la pregusta de la fiscal Elena Sarasate acerca de si «en ningún momento consintió».

De hecho, la joven también negó cualquier conversación con contenido sexual con los integrantes de La Manada. «No hablamos de sexo, para nada», negó tajante la madrileña. Del mismo modo que negó que dijera que podía igual con dos que con los cinco. «No, para nada, no recuerdo ese comentario ni siquiera en broma. No hubo ninguna conversación en que se mencionara el sexo». Según la víctima, toda la conversación giró en torno a las fiestas de San Fermín y a los tatuajes que tanto ella como el sevillano con quien entabló conversación tenían en el mismo lugar.

Por supuesto, también negó todo lo que los acusados habían dicho acerca de su iniciativa, que hubieran acordado mantener relaciones sexuales, que hubiera sido ella quien inició los actos sexuales, que hubiera sido ella quien dirigiera éstos. «No, para nada».

Miedo

La joven también negó que supiera a qué entraban al portal. «No me imaginaba que sucediera lo que pasó, yo sinceramente pensaba que íbamos al portal para fumarse un porro, hablando un poco mal, es lo que pensaba que iba a pasar. Me sorprendió la brusquedad», respondió a las preguntas del abogado de tres de los acusados, Agustín Martínez Becerra.

Por eso no pidió ayuda antes ni intentó escaparse, «no me imaginaba que sucediera lo que pasó», repitió en más ocasiones. «¿Qué pasó luego?», le preguntó la fiscal. «Recuerdo la puerta, llegamos al cubículo ese, y fue cuando empecé a sentir más miedo. Me vi rodeada por aquellos cuatro, noté que me quitaban la riñonera, el sujetador y me desabrochaban el jersey atado a la cintura. Empecé a sentir más miedo cuando me agarraron de la mandíbula y me acercaron para hacer una felación, y otro me agarraba de la cadera y me bajaba leggins. En ese momento estaba totalmente en shock, no sabía qué hacer, quería que todo pasara rápido y cerré los ojos para no enterarme de nada y que pasara rápido».

El teléfono móvil

Cuando sí trató de pedir ayuda fue después. Y fue en ese momento cuando se dio cuenta de que le habían robado el teléfono móvil. «El valor del móvil me daba igual, pero quería llamar a mi amigo porque era la única persona que tenía en Pamplona, a la que quiero y solo quería decirle que no sabía dónde estaba, pero que viniera a buscarme. Fue cuando me entró toda la impotencia y el miedo, y dije ‘no tengo ni el móvil’».

Ese amigo al que no pudo llamar fue quien acudió con ella a Pamplona. Llegaron a las 18:30 horas de la tarde y estuvieron los dos juntos hasta las 1:30, momento en que él decidió irse al coche para descansar puesto que había estado conduciendo desde Madrid.

Fue entonces cuando se encontró con otro de los testigos que declararon durante el juicio, un chaval de Palencia que disfrutaba de las fiestas junto con un grupo de chicos y chicas. A éste trató de llamar mientras se encontraba con los sevillanos, lo que demostraría que no se encontraba demasiado cómoda con ellos. «Me levanté para llamar por teléfono al chico de Palencia para saber su plan, no se oía bien, había mucho ruido, música de bares, le dije dónde estaba y me dijo que iban a por un bocadillo o algo así, y que quedábamos luego para ver los encierros». Esta declaración fue ratificada por el joven palentino.

Sentimiento de culpa

Aún con todo, a pesar de ratificarse en la denuncia contra «La Manada», la joven madrileña también reconoció que una vez que regresó a su casa, le entró un sentimiento de culpa. «Al llegar a mi casa a los días sentía mucha culpabilidad. Pensaba que podía haber hecho más, que les estaba jodiendo la vida a cuatro personas, que era mi culpa lo ocurrido. . . ». Incluso encontró numerosas razones para inculparse. «Porque me podía haber ido, porque no tenía que haberme puesto a hablar con gente que no conozco, porque me separé de mi amigo, porque me quedé sola en una ciudad que no conozco. Me sentía muy culpable, se me quitaron las ganas de hacer cualquier cosa y necesitaba respirar. En mi cabeza estaba todo el rato pensando en esto, e incluso cuando estaba de fiesta me ponía a llorar y no podía parar. No hablaba del tema y a la vez buscaba noticias para encontrar una explicación lógica. Tenía pesadillas, insomnio, problemas de concentración. He sido buena estudiante y no me presenté a los exámenes porque no era capaz de centrarme».

Pero se mantuvo en la denuncia. «Les denuncié porque habían cometido un delito, porque hicieron algo que yo no quería hacer». .

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2017-12-5 02:43

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